No uno, ni tres ni seis. Ángel Castro comenzará a vivir esta semana su octavo Mundial de Fútbol. El sanjuanino, nacido en Rawson, volverá a tomar un avión para apoyar a la Seleccion Argentina. Es hincha apasionado y se prepara para vivir una aventura que, a pesar de su vasta experiencia en las tribunas del mundo, tendrá un condimento único y sumamente emocionante: compartir los partidos por primera vez con su hija Noelia.
Con su valija ya preparada para viajar este 25 de junio, Ángel repasó a Diario La Provincia SJ su increíble bitácora mundialista, su vida como migrante en Estados Unidos, el orgullo de haber vuelto a apostar por Argentina y el latir de un corazón celeste y blanco que se prepara para el octavo Mundial.
De Rawson al mundo: la bitácora de un hincha de fierro
La hoja de ruta de Ángel Castro en las Copas del Mundo es el sueño del pibe. Estuvo en Italia 1990, vibró en Francia 1998, viajó al lejano oriente en Japón 2002, alentó en Alemania 2006, sopló la vuvuzela en Sudáfrica 2010, cruzó el mapa en Rusia 2018 y tocó el cielo con las manos en Qatar 2022.
”Tengo la foto con Maradona en el ’94 y una foto con Messi en el Mundial de Alemania. Son esas joyas, esas perlitas que uno conserva para toda la vida”, confesó a Diario La Provincia SJ con el orgullo de quien guarda tesoros invaluables.
Ahora, por primera vez compartirá la pasión mundialista con su hija Noelia, quien vive en Los Ángeles y nunca asistió a una Copa del Mundo.
“Nos encontramos en Dallas el 26 de junio y el 27 vamos a ver Argentina contra Jordania. Después veremos cómo sigue el torneo. Ella nunca fue a un Mundial y ya me mandó las fotos de las cosas que compró para pintarme cuando llegue”, contó con una sonrisa que se le nota en la voz. Lamenta que su otra hija, desde Alemania, no pueda sumarse, pero sabe que el espíritu familiar estará unido en cada grito de gol.
De Rawson a California
La historia de Ángel es como la de miles de argentinos que un día hicieron las valijas en busca de oportunidades. Tomó una decisión difícil cuando tenía 30 años, una edad en la que ya había formado una familia y tenía hijos pequeños.
“Irme a Estados Unidos fue una decisión rara porque yo ya estaba formado y tenía mis nenes. Pensaba cómo iba a dejarlos, pero fue la mejor decisión. Hoy mis hijos están muy bien y valió la pena“, recordó.
Tras haber vivido 25 años en Estados Unidos —país donde formó su empresa de electricidad tras revalidar sus títulos en California—, Ángel decidió que era hora de pegar la vuelta. Hoy está radicado en Buenos Aires, donde continúa desarrollando su empresa, pero el destino (y el fixture) lo vuelve a llamar hacia el norte.
Sus tres hijos están dispersos por el mapa: un varón en Buenos Aires, una hija en Alemania y Noelia, instalada en Los Ángeles. El fútbol, como gran conector, logrará acortar las distancias con esta última.
El itinerario ya está cerrado. El próximo 26 de junio se producirá el esperado abrazo familiar en Dallas. Al día siguiente, el 27 de junio, padre e hija estarán en la tribuna alentando en el partido Argentina vs. Jordania.
La realidad económica de las entradas y el recuerdo de Qatar
A pesar de contar con los recursos y la ciudadanía estadounidense que le facilita el viaje, Ángel mantiene los pies sobre la tierra y un fuerte sentido común a la hora de analizar la logística de este torneo.
Entradas más caras: “En comparación con Qatar, los precios eran más accesibles allá. Podías comprar tickets por 200 o 300 dólares; hoy están en 800, 1.000 o 2.000 dólares”.
La barrera de la final: “Ir a la semifinal o a la final no lo hago. Una entrada oficial vale 8.000 dólares, yo no voy a pagar esa plata. Hay un sentido común en todo”.
Aun así, el sanjuanino destaca el fenómeno del hincha que vive en el exterior: “El argentino que vive en Estados Unidos muere por la Argentina. Tiene la bandera clavada. Muere por un choripán, por una factura, por un pedacito de alfajor. Es increíble esa gente”.
El orgullo de volver a casa y la fe intacta en la Scaloneta
Ángel Castro pasó por la escuela Gabriela Mistral en San Juan (donde ostenta con orgullo un diploma de asistencia perfecta), se formó como Técnico Electromecánico y empezó Ingeniera pero no terminó. Luego se recibió de Licenciado en Recursos Humanos antes de triunfar en el exigente mercado de California. Pero el arraigo pudo más.
”Yo amo a mi país y me volví. El fruto de mi esfuerzo lo invertí en mi país. A mí me formó la Argentina; allá trabajé, aporté mis conocimientos, pero volví al lugar que amo“.
Hoy, mientras planifica los cruces de octavos y cuartos de final que compartirá con Noelia entre Dallas y Los Ángeles, Ángel no saca el ojo de la actualidad de la Selección. Tras ver el último partido en su casa de Buenos Aires rodeado de amigos, su diagnóstico como analista y fanático es sumamente positivo.
”Veo a este grupo y siento que sufren y quieren ganar tanto como cualquier argentino. Están unidos, tiran todos para adelante y no hay diferencias entre uno y otro. Y encima lo tenemos a Messi, que con casi 40 años está impecable. Argentina está muy bien”, concluye entusiasmado.
Para Ángel Castro, el fútbol es mucho más que 90 minutos y una pelota rodando. Es el puente de plata que lo une con sus raíces sanjuaninas, la excusa perfecta para abrazar a su hija a miles de kilómetros de casa y el motor de una vida que, juegue donde juegue, siempre elije la camiseta celeste y blanco.