Hay imágenes que logran sintetizar la pasión de todo un país, y la de Aurora Quijano es, sin dudas, una de ellas. Con sus flamantes 91 años, su cabellera blanca como la nieve y una sonrisa radiante que le surca la cara, esta abuela sanjuanina se convirtió en el alma de los festejos en la Plaza 25 de Mayo tras el sufrido triunfo de Argentina ante Egipto, que selló el pase a los cuartos de final de la Copa del Mundo.
Lejos de quedarse en casa, Aurora se puso la camiseta celeste y blanca con el parche de campeones del mundo sobre el pecho —un talle holgado que lleva con orgullo sobre un abrigo gris—, levantó los puños al cielo con la vitalidad de una adolescente y salió a festejar. La foto celebrando junto a su hija y su nieta se volvió una de las postales más tiernas, el pasado martes, del triunfo argentino sobre Egipto. Muchos la bautizaron como “la abuela de la Selección“. Ella, lejos de buscar protagonismo, disfruta simplemente de acompañar.
En el living de su hija se muestra tal cual es: pura energía ante la pantalla del televisor de fondo encendida en medio de la fiebre mundialista. Pero ¿quién es “la abuela de la Selección”?.
“Yo nací en septiembre de 1935 y soy de Trinidad“, comenzó contando orgullosa durante la charla con Diario La Provincia SJ y enseguida demostró que no exageró. Es que recuerda fechas, nombres, historias y hasta viejos trabajos como si hubieran ocurrido ayer.
“Gracias a Dios, lo que mejor tengo es la memoria. Porque he tenido mucho tiempo un negocio y he trabajado mucho con las cuentas. No con calculadora: a mano, con el lápiz“, aseguró.
Su vida no fue sencilla, pero la enfrentó con la templanza de las mujeres fuertes. Se casó a los 26 años y tuvo a su primera hija un año después. Tras diez años de matrimonio se separó y asumió sola la crianza de sus cinco hijos (dos mujeres y tres varones) gracias a su oficio de modista: “Yo cosía a máquina, tenía mucha costura como modista de vestidos y todo“, recuerda. Hoy, esa gran familia se ha multiplicado en un árbol genealógico imponente: tiene 12 nietos, 3 bisnietos y 1 tataranieto.
Su vínculo con la comunidad también viene de su padre, Juan Quijano, un hombre muy conocido en San Juan que tuvo durante muchos años un quiosco en el hospital.
Del hockey sobre patines al aguante familiar
La pasión de Aurora por el deporte no es nueva; es una herencia y un estilo de vida. En su juventud fue una de las fundadoras de la actividad de patinaje en el colegio Don Bosco.
“Empecé en Fantasía Patín Club con los chicos en el colegio, con los chicos patinadores. Estuve trabajando 15 años con ellos. En aquella época yo tendría unos 30 años. Mis niños iban a los exploradores y de ahí iban al patinaje artístico. La ropa al grupo se la hacía toda yo porque era modista: las polleritas a las chicas y los chalecos a los varones”, rememora con orgullo.
Ese amor por los patines se trasladó a su familia. Su hijo más chico es Eduardo “Pinocho” Ochoa, un histórico del hockey sobre patines sanjuanino (ex Club Valenciano) que desde hace dos años trabaja como entrenador en Chile. La dinastía sigue: su nieto Facundo (24) juega al hockey —aunque hoy se recupera de una fractura de tobillo— y su nieto menor, Gonzalo, se consagró campeón la semana pasada con la camiseta de Bancaria.
“¡Abuela, abuela!”: el festejo en la plaza y los nervios del Mundial
Si en el Mundial anterior Aurora terminó festejando sola en la vereda de su casa al ver a la Argentina campeona, este torneo lo está viviendo de una manera mucho más colectiva, aunque confiesa que los nervios le juegan una mala pasada.
“Este Mundial lo estoy viviendo muy nerviosa. El último partido estaba con mi hija… un infarto era ese. Me quedé todo el tiempo sentada alentando. Mi hija y mis nietos se fueron afuera a gritar y yo aquí, pidiéndole a Dios que hicieran un gol”, relata.
A la hora de hablar de sus preferidos en el plantel, Aurora demuestra que sabe de fútbol. Su debilidad es el capitán, pero tiene una mirada especial para los que dejan la vida en el mediocampo:
“El que más me gusta es Lionel Messi, pero también los bajitos: el coloradito Alexis Mac Allister y Thiago Almada, que es chiquito, corre y se mete entre todos. A Messi lo veo bien, nada más que está cansado ya. Ha hecho lo que tenía que hacer, no se le puede pedir más. El que hable mal de él es porque no entiende nada”.
Para los festejos en la Plaza 25 de Mayo, su gran aliada es su hija, quien la incentiva a salir y sumarse a la marea de gente. “Ella me lleva mucho y le gusta festejar ahí. Yo no tenía miedo porque mi hija me cuidaba atrás y mi nieta me agarraba del otro costado. Íbamos por la orillita, despacio. Recién llegábamos cuando el fotógrafo nos vio y me empezó a sacar fotos. Ahí la gente me empezó a gritar: ‘¡Abuela, abuela, abuela!'”.
La milagrosa promesa a María Auxiliadora y la fe para lo que viene
Detrás de su fe inquebrantable hay una historia de supervivencia que la marcó a los 8 años. Su padre era “coche-plaza” y tenía caballos. Un día, uno de los animales le dio una tremenda patada en la cabeza que le provocó hundimiento de cráneo.
“Estuve mucho tiempo internada en el Hospital Rawson viejo. Recuerdo que a la mañana, con los primeros rayos del sol, el doctor me sacaba en la camilla a una ventana para que me diera el aire libre en la cabeza. Supongo que era para que se secara la herida. Mi papá le hizo una promesa a María Auxiliadora y me salvé de milagro. Por eso la quiero tanto y gracias a Dios nunca perdí la memoria“.
De cara al próximo cruce de cuartos de final contra Suiza, Aurora no tiene cábalas pero sí un plan claro: irá a misa a pedir por la Selección y luego verá el partido en la casa de su hija.
“Yo tengo mucha fe. Dios nunca nos abandona. A los hinchas les digo que hay que seguir aguantando y rezar para que sigamos adelante y volvamos con la copa. No hay que perder la esperanza; la esperanza es lo último que se pierde”, concluye la abuela de San Juan, con la misma sonrisa con la que conquistó las calles del centro y el corazón de todos los sanjuaninos.