A Paula Costa la rodean los colores de las risas y las picardías de sus alumnos de Nivel Inicial y más en este, el día del Maestro. Es de Villa San Agustín de Valle Fértil y sus primeros pasos en la docencia los dio en jardines maternales en Capital. Pero ante la posibilidad de tener su primer cargo en una escuela pública, se permitió darse la oportunidad de conocer la escuela albergue rural aislada “Marcos Gómez Narváez”, en Sierras de Elizondo.

Allí es la seño de jardín en Plurisala y tiene 3 hermosos alumnos de 3, 4 y 5 años. Sus palabras tienen brillo propio al hablar de ellos y de cómo su vocación reafirmó en el distrito que está en medio de las montañas.

Paula y “la docencia que se siente en el corazón” en Sierras de Elizondo. Fotos: gentileza.
Fue un cambio rotundo y una nueva experiencia porque era un lugar que desconocía totalmente. Pero, a la vez, me intrigaba porque en los profesorados no se nos instruye para trabajar en zonas rurales y menos en las rurales aisladas. Era un desafío nuevo, en el que debía adaptarme o no. Y lo hice”, contó la maestra a Diario La Provincia SJ.
A lomo de mula por 7 a 8 horas para ir a la escuela “Marcos Gómez Narváez”. Fotos Gentileza.

Tomó la decisión con el apoyo de su familia que “está siempre, siempre conmigo y confiaban en que me iba a ir bien”. Y agregó: “llegué a la escuela hace 7 años, en abril de 2018 y fue mi primer trabajo en la escuela pública. En ese entonces, me costó mucho el viaje porque íbamos a lomo de mula. Fue complicado llegar pero es hermoso el paisaje, mis compañeros y más, los niños. En ese año, se armó todo un plantel nuevo que iba integrándose”.

Paula y “la docencia que se siente en el corazón” en Sierras de Elizondo. Fotos: gentileza.
“Recuerdo cómo me recibieron los niños, ¡unos dulces!; así como el personal de la escuela. Eso me marcó y decidí quedarme. Ellos hicieron que no me costara adaptarme. Eran todos divinos”, resaltó.

Esa bienvenida y el amor que recibía, eran la fuerza que Paula tenía para encarar viajes de 7 a 8 horas en lomo de mula, tanto para subir hacia la escuela como para bajara a San Agustín. “Anécdotas, tenemos miles: nos llovimos, viajamos con vientos y nieve y en grupos, los docentes afrontamos todo. Alquilábamos las mulas y los cargueros para viajar”, dijo. Hoy por hoy, viajan en camionetas 4×4, financiadas por el Ministerio de Educación.

Paula y “la docencia que se siente en el corazón” en Sierras de Elizondo. Fotos: gentileza.

Volviendo otra vez atrás en el tiempo, en la escuela, Paula tuvo otra misión: lograr que las familias enviaran a los pequeños al jardín; un nivel que “se pasaba por alto” ya que los papás los mandaban directamente a la Primaria.

Con su mochila llena de materiales y con actividades planificadas, llevaba su “jardín andante”. “Recuerdo que iba hacia las casas a darles clase a los nenes de 4 años. Me tardaba 2 horas en llegar y coordinaba con los papás, que me esperaban para el almuerzo. Daba la clase mientras un celador me esperaba. Fue todo un caminito de hormiga”, contó.

Paula y “la docencia que se siente en el corazón” en Sierras de Elizondo. Fotos: gentileza.

A día de hoy, los pequeños de Nivel Inicial van a la escuela y son los únicos que no se albergan por lo que sus familias los llevan cada día a la sala donde Paula los espera. “¡Son hermosos! Es un proceso para ellos dar el paso a quedarse en clases y después, el decirme seño. Se les escapa un “mamá” o me dicen Paula. Es parte de su adaptación y me encanta trabajar y más con ellos”, comentó amorosamente.

Paula y “la docencia que se siente en el corazón” en Sierras de Elizondo. Fotos: gentileza.

Vivir en la escuela

Adaptarse es una palabra que Paula repite en la entrevista y su sentido cobra fuerza ante lo que significa trabajar en una escuela en la que hay que pernoctar. “Aprendemos a convivir con personas con diferentes rutinas. Nos adaptamos a los niños que son de la zona y tienen a la escuela como su lugar de encuentro. En sus momentos de ocio, los vemos compartir juegos y disfrutar, así como de todas las actividades que se planifican en la escuela”, detalló.

Paula y “la docencia que se siente en el corazón” en Sierras de Elizondo. Fotos: gentileza.

Y compartió un anhelo de todos sus compañeros: “Ojalá que logremos una construcción nueva para la escuela, con sus aulas y habitaciones para alumnos y docentes. Además, una sala para jardín, que la necesitamos”.

Un paso más

Esta semana, y en la previa del día del Maestro, a Paula la nombraron directora reemplazante en el JINZ Nº31, también ubicado en Valle Fértil. “Voy a reemplazar a la directora y me tocará dejar momentáneamente mi cargo en las Sierras, pero hasta que elija una docente suplente, voy a ir a dar clases. Estoy en plena organización”, comentó.

Paula y “la docencia que se siente en el corazón” en Sierras de Elizondo. Fotos: gentileza.

Señaló que “no estaba en mis planes pero se dio y tengo unas compañeras increíbles en el JINZ, que también es una institución joven. Fueron ellas quienes me dieron el empujoncito para dar este paso”.

Ser docente

Para Paula, la vocación es vida y atraviesa todo. “Uno construye una familia con los chicos y cuando egresan, siento que se va un pedacito. Una se apega tanto a los niños, a su forma de ser y su carácter que en ellos, encuentro mi ser docente. Es amor y creatividad; pasión y placer por enseñarles a ellos“.

“Es una carrera muy linda y para ejercerla, hay que sentir la vocación y quererla”, conceptualizó la seño.
Paula y “la docencia que se siente en el corazón” en Sierras de Elizondo. Fotos: gentileza.

En este día del maestro, envió un mensaje a sus colegas que recién se inician que “la docencia se siente y se hace con pasión. Así, todo lo que se propongan, lo van a lograr. De eso no hay dudas. Creo que Sarmiento fue un gran impulsor de esto y desempeñar la carrera con esos valores, es honrarlo. Van a abrirse puertas siendo empáticos y solidarios; algo fundamental. Además, el equipo es clave y aprovecho para saludar a mis compañeros y a la directora Mónica Speso, en nuestro día”.

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