Hay lugares que trascienden el paso del tiempo. No son solamente edificios ni aulas: son espacios donde se construyen recuerdos, amistades y valores que acompañan toda la vida. El Colegio La Inmaculada Concepción es uno de ellos.

Aunque el aniversario número 140 recién llegará el 26 de agosto de 2026, la comunidad educativa decidió comenzar desde ahora un camino de celebración que tendrá como eje el Mes del Sagrado Corazón de Jesús, sello distintivo de la institución desde sus orígenes.

“Estamos viviendo este mes en un profundo sentido de acción de gracias. El colegio va a cumplir 140 años, pero quisimos comenzar las celebraciones con el Mes del Corazón de Jesús porque representa la esencia de nuestra identidad“, contó a Diario La Provincia SJ Eduardo Tejada, integrante de la comunidad educativa.

La historia de la Inmaculada comenzó el 26 de agosto de 1886, cuando la Madre Catalina de María Rodríguez y un grupo de religiosas llegaron a San Juan,

Las actividades religiosas, culturales y comunitarias marcarán el inicio de un año muy especial para una de las instituciones educativas más emblemáticas de San Juan.

Un sueño que comenzó hace 140 años

La historia de la Inmaculada no comenzó en un aula, sino gracias al gesto solidario de dos mujeres sanjuaninas. “El colegio se fundó el 26 de agosto de 1886 gracias a la iniciativa de las hermanas Rosario y Lourdes Socorro Castro, que pusieron a disposición todos sus bienes para que una congregación religiosa pudiera fundar un colegio en San Juan”, explicó Tejada.

Las hermanas ofrecieron dos propiedades ubicadas en pleno centro sanjuanino y viajaron hasta Córdoba para convencer a la congregación de las Esclavas del Corazón de Jesús de instalarse en la provincia.

El terremoto de 1944 destruyó completamente el edificio, pero no logró derribar el espíritu de la comunidad educativa, que impulsó una reconstrucción histórica junto a familias, docentes y religiosas.

No fue sencillo.

El sacerdote David Luque, asesor espiritual de la congregación, consideraba que era imposible abrir una nueva obra porque las religiosas ya estaban fundando instituciones en otros puntos del país.

Sin embargo, apareció otra figura clave en la historia: “Fue el padre Manuel José Castro, párroco de Concepción, quien logró convencer al padre Luque garantizando que en San Juan las hermanas tendrían todo lo necesario para desarrollar su misión.”

Así, el 18 de agosto de 1886, la Madre Catalina de María Rodríguez emprendió el viaje desde Córdoba junto a un grupo de veinte religiosas.

Algunas quedaron en Mendoza. Las demás llegaron a San Juan la tarde del 26 de agosto, descendiendo del tren en la antigua Estación Pacífico, donde hoy se levanta el Teatro del Bicentenario.

Las imágenes de la Virgen que permanecieron en pie tras el terremoto de 1944 son recordadas por la comunidad como un símbolo de esperanza y de la continuidad de la obra de la Madre Catalina.

Ese día comenzó una historia que continúa escribiéndose.

La Madre Catalina, el corazón de la obra

Hablar de la Inmaculada es hablar inevitablemente de Madre Catalina de María Rodríguez, fundadora de la congregación de las Esclavas del Corazón de Jesús y una de las figuras religiosas más importantes de la Argentina.

“La Madre Catalina entregó completamente su vida al servicio del Corazón de Jesús. Lo hizo principalmente a través de la educación, de la promoción de la mujer y de los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola”, explicó Tejada.

Ese espíritu sigue siendo hoy el sello de la institución. “La profunda devoción al Sagrado Corazón y el carisma del amor y la reparación siguen siendo la impronta del colegio. Ese es el legado que dejó la Madre Catalina y que continúa vivo después de tantos años.”

La capilla del colegio es uno de los espacios más representativos de la institución. Allí conviven la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, la imagen de la Inmaculada y el legado de la Madre Catalina.

En la actualidad, tanto la capilla como el patio del colegio conservan imágenes de la Inmaculada, del Sagrado Corazón y de la propia Madre Catalina, recordando permanentemente ese legado.

El terremoto de 1944 que casi terminó con todo

Pocas instituciones sanjuaninas tienen una historia tan ligada al terremoto de 1944 como la Inmaculada. El sismo destruyó prácticamente todo el edificio. Incluso una religiosa perdió la vida mientras rezaba en la capilla.

El terremoto destruyó totalmente el colegio, pero ocurrió algo que la comunidad siempre interpretó como un signo muy fuerte.”

Tejada recordó que dos imágenes de la Virgen permanecieron intactas: “La imagen que hoy está en la portería y la que permanece en el patio quedaron de pie. Para la comunidad eso significó que la obra de la Madre Catalina iba a continuar.”

Cada fotografía refleja mucho más que un edificio: muestra el paso de generaciones de docentes, alumnos y familias que hicieron de la Inmaculada una de las instituciones más emblemáticas de San Juan.

La reconstrucción fue enorme. Participaron religiosas, docentes, familias, exalumnos y toda la comunidad sanjuanina. Tan rápido avanzó el trabajo que en 1952 la capilla ya estaba nuevamente levantada y durante un tiempo incluso funcionó allí la Catedral de San Juan mientras se reconstruía el templo principal de la provincia.

Un colegio que nunca dejó de crecer

Desde aquellas primeras 80 alumnas de 1886 hasta los casi 800 estudiantes que hoy integran la institución, la historia del colegio es también la historia de miles de familias sanjuaninas. “Imaginate la cantidad de alumnos que han pasado por estas aulas en 140 años. Son miles de sanjuaninos que se formaron con este carisma”, destacó Tejada.

A lo largo de las décadas el establecimiento fue ampliando sus instalaciones con nuevas aulas, espacios para arte, un buffet, sala de psicomotricidad y la expansión del nivel inicial. “La obra siempre siguió creciendo. Eso es algo admirable”, señaló Tejada.

Uno de los cambios más importantes llegó a principios del nuevo milenio, cuando la institución abrió definitivamente sus puertas a los varones. “El cambio fue paulatino. Empezó desde el nivel inicial y las promociones fueron creciendo juntas”, recordó.

Las hermanas marcaron el rumbo de la historia del colegio y son recordadas con mucho cariño.

Según Tejada, la decisión respondió a los nuevos desafíos sociales: “Cuando nació la congregación, el objetivo era promover especialmente a la mujer. Hoy las necesidades pasan por acompañar a todas las personas, sin distinción.”

Reconoce que al principio hubo resistencia: “Somos bastante tradicionalistas los sanjuaninos y costó un poco aceptar el cambio, pero hoy los frutos están completamente a la vista.”

Una comunidad que sigue adelante

Aunque actualmente ya no residen hermanas de la congregación en San Juan debido a la disminución de vocaciones religiosas, la obra continúa con el acompañamiento de laicos comprometidos.

“Ellas siguen acompañándonos de otra manera. Vienen periódicamente y mantienen un vínculo muy cercano con la comunidad.”

En la capilla se conserva una imagen de madre Catalina.

Para Tejada, el espíritu permanece intacto: “Aun estando en manos de los laicos, el colegio sigue dando frutos abundantes. El carisma de la Madre Catalina continúa muy vivo entre nosotros”.

Comienzan los festejos por los 140 años

Las celebraciones ya comenzaron con las actividades del Mes del Sagrado Corazón de Jesús, que marcan el inicio del camino hacia el aniversario número 140 de la institución.

Cronograma de actividades

Durante los próximos meses, alumnos, exalumnos, docentes, familias y toda la comunidad educativa participarán de distintas propuestas que buscarán recordar la historia del colegio y agradecer por casi siglo y medio de presencia ininterrumpida en San Juan.

Porque detrás de sus paredes no sólo hay un colegio: hay 140 años de fe, educación, reconstrucción y miles de historias que siguen escribiéndose cada día.

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A partir del nuevo milenio, el colegio dejó de ser sólo de niñas.