“¿Para qué van a pintar si no va a durar?”. Con esa pregunta directa y cargada de escepticismo se topó el profesor Matías Cabañas. Sin embargo, la respuesta no llegó con palabras, sino con pinceles, tierra y un cambio cultural que transformó las paredes y el alma de la comunidad educativa.
En el marco de los 10 años de la Escuela Secundaria Barrio Nuevo Cuyo, ubicada en la emblemática zona de La Bebida, en Rivadavia, los alumnos se unieron para demostrar que el sentido de pertenencia y el cuidado del entorno son más fuertes que cualquier prejuicio. Tras un trabajo a contrarreloj, el establecimiento inaugurará este viernes, en coincidencia con el Día Mundial del Ambiente, una serie de murales cargados de identidad, valores y un profundo mensaje ecológico.
“Aquí todos somos importantes”: Arte contra la desmotivación
El proyecto nació desde las bases: fueron los propios estudiantes quienes manifestaron la necesidad de “dejar una huella” visible en su escuela. Coordinados por los profesores Carla Millán y Matías Cabañas, la iniciativa se encuadró en el programa de Clubes Ambientales Escolares, impulsado por el Centro de Formación Ambiental Anchipurac, dependiente de la Secretaría de Estado de Ambiente de San Juan.
La participación fue masiva y horizontal, involucrando desde los chicos de primer año hasta los de sexto, además de directivos y familias.
“Tuvimos la participación de todos los chicos, de primero a sexto de la secundaria. El año pasado organizamos un concurso de aves donde se destacaron algunos alumnos con gran habilidad para el dibujo; ellos hicieron el boceto base en papel y luego todos ayudaron a pintar”, relató con orgullo el profesor Cabañas a Diario La Provincia SJ.
Para concretar la obra, la institución articuló esfuerzos con la Municipalidad de la Ciudad de Rivadavia, que donó los materiales necesarios para llenar de color los muros que antes lucían grises. Frente a las dudas iniciales sobre el vandalismo, el docente destacó la resiliencia de los jóvenes: “La idea era darle una impronta no solamente ambiental, sino también motivacional hacia los chicos, porque sabemos que es una situación bastante compleja del barrio. Pero, pese a ello, ha habido un compromiso de todos y el cuidado de las partes para que perduren en el tiempo”.
Identidad sanjuanina y la “casa común” del Papa Francisco
Los diseños no fueron elegidos al azar. El equipo docente solicitó la autorización del reconocido muralista nacional Emilio Ferrero, utilizando parte de su estética pero dándole un sentido profundamente pedagógico.
A través de votaciones y debates democráticos, los alumnos decidieron los colores y los mensajes, ganando un espacio fundamental donde tener voz y voto. Los murales funcionan como un recorrido de identidad a través de tres ejes conceptuales:
- Raíces ancestrales: En el ingreso, un imponente árbol hunde sus raíces en la tierra, llevando grabados los nombres de las comunidades originarias de la provincia: el pueblo Huarpe y el pueblo Diaguita. Una invitación al paradigma del “buen vivir” y el biocentrismo para recordar de dónde vienen.
- La ecología integral: El mural principal reza la frase “Bienvenido siempre, sin olvidar cuidar la casa común”. Al respecto, Cabañas explicó: “Tomamos como base la frase del muralista, que es ‘Bienvenido siempre’, pero le dimos el toque ambiental. El Papa Francisco, por medio de la encíclica Laudato si’, nos invita a cuidar la casa común, a considerarla como un espacio comunitario, hablar de bienes comunitarios, de recursos naturales y apoyar las buenas prácticas”.
- El camino del esfuerzo: Otro sector muestra una escalera construida con libros que conduce a un estudiante hacia la cima. Allí se busca concientizar sobre el esfuerzo, la constancia y las herramientas digitales: “Invitamos a los chicos a que siempre usen las tecnologías, a darle un buen uso y aprovecharlas, porque es un recurso muy importante, pese a que no todos cuentan con teléfono o Internet”, señaló el profesor.
De los murales a la huerta orgánica: economía social en el aula
La inauguración de las paredes pintadas es solo la cara visible de un proyecto mucho más ambicioso. El compromiso ambiental de la Escuela Barrio Nuevo Cuyo no se quedará en un juramento escolar abstracto, sino en la acción diaria.
Gracias a la instalación de nuevos surtidores de agua en el edificio durante este ciclo lectivo, la escuela reactivará su proyecto de huerta orgánica y forestación con especies nativas, articulado el año pasado con la Dirección de Bosques Nativos. La propuesta se conectará con la materia Economía Social, dictada por el propio Cabañas, donde los alumnos aprenderán el funcionamiento del asociativismo:
“La idea es que los chicos vayan haciendo las huertas y los plantines desde ahora. Para las instancias de septiembre y octubre, en las muestras y ferias escolares, buscaremos que puedan vender sus productos terminados por medio de cooperativas que les enseño a armar en el aula”, anticipó el docente.
Con cientos de chicos transitando diariamente entre los turnos mañana y tarde, el verdadero logro fue la convivencia y el respeto por el espacio público en una fecha tan especial para la institución. “Por ahí hay muchos chicos que están desmotivados o que no les interesa, pero darles el espacio, la participación, un rol, tareas… creo que es fundamental. Han trabajado muy ordenados, no hemos tenido ningún conflicto ni problemas. Al contrario, en el marco de los 10 años de la escuela, se han quedado grabados los cursos que han participado”, concluyó Cabañas.
Con paredes que aún quedan en blanco para seguir creando, proyectos para pintar un tablero de ajedrez gigante en el piso y planes de señalética para prevención sísmica, la comunidad de La Bebida demuestra que la escuela pública es un territorio vivo y capaz de generar su propio cambio cultural.