Cada 20 de junio, la Argentina recuerda a Manuel Belgrano, creador de la Bandera Nacional y una de las figuras más trascendentes de la lucha por la independencia. Sin embargo, pocos conocen los detalles que reveló la autopsia practicada tras su muerte, un documento que expuso el dramático estado de salud con el que atravesó sus últimos días.
Belgrano falleció en Buenos Aires el 20 de junio de 1820, a los 50 años. Había dedicado gran parte de su vida a la causa revolucionaria, participó de campañas militares decisivas, impulsó la educación pública, donó importantes sumas de dinero para la construcción de escuelas y hasta propuso en el Congreso de Tucumán de 1816 la instauración de una monarquía constitucional encabezada por un descendiente de los incas.
Sin embargo, el final estuvo muy lejos de los honores que merecía.
Murió enfermo, solo y en la pobreza
Aquejado por graves problemas de salud, Belgrano pasó sus últimos meses en una situación económica crítica. El hombre que había entregado su fortuna a la causa patriótica murió prácticamente olvidado por la sociedad porteña.
La noticia de su fallecimiento pasó inadvertida en una Buenos Aires convulsionada por conflictos políticos. De hecho, solo un periódico informó sobre su muerte: el “Despertador Teofilantrópico Místico Político“, dirigido por el padre Francisco de Paula Castañeda.
Ni los grandes medios de la época ni las autoridades realizaron homenajes inmediatos.
Lo que descubrió la autopsia
Tras su muerte, el cuerpo fue trasladado al Convento de Santo Domingo, donde el médico irlandés Juan Sullivan realizó una autopsia cuyos resultados sorprendieron por el nivel de deterioro físico que presentaba el prócer.
Según el informe, los profesionales extrajeron una gran cantidad de líquido acumulado en el abdomen, un cuadro compatible con una severa hidropesía, enfermedad que hoy suele asociarse a trastornos hepáticos o cardíacos avanzados.
Además, Sullivan encontró un tumor duro en la región del epigastrio derecho, una zona del abdomen donde se ubican órganos como el hígado, el estómago y parte del páncreas. El estudio también reveló que el hígado y el bazo estaban notablemente agrandados.
Uno de los hallazgos que más llamó la atención del médico fue el tamaño del corazón de Belgrano. En su informe lo describió como un corazón “de dos puños”, considerablemente más grande de lo normal. Sullivan incluso propuso extraerlo para estudiarlo con mayor profundidad, pero las autoridades no autorizaron el procedimiento.
Los pulmones también mostraban un importante deterioro. Según dejó asentado el médico, tenían apenas el tamaño de una mano y flotaban en líquido, otro indicio de las graves complicaciones que sufría el prócer.
Tras la autopsia, Sullivan concluyó que el diagnóstico previo realizado por otro médico, el doctor Redhead, había sido correcto al atribuir la enfermedad a un trastorno hepático que derivó en hidropesía.
Un entierro humilde para uno de los padres de la Patria
Luego del examen médico, el cuerpo fue vestido con el hábito de los dominicos y colocado en un sencillo ataúd de pino cubierto con un paño negro.
El 27 de junio fue enterrado en el atrio del Convento de Santo Domingo. La austeridad del sepelio quedó reflejada en un detalle que la historia recuerda hasta hoy: para marcar la tumba se utilizó una pieza de mármol extraída de un mueble perteneciente a uno de sus hermanos.
La despedida estuvo muy lejos del reconocimiento que hoy recibe quien creó la Bandera Argentina.
El homenaje que llegó demasiado tarde
Recién más de un año después, el gobierno encabezado por Martín Rodríguez intentó reparar el olvido.
El 29 de julio de 1821 se organizaron los funerales oficiales que nunca había tenido. Desde temprano, el Fuerte de Buenos Aires disparó cañonazos cada media hora mientras la bandera permanecía a media asta.
El cortejo estuvo integrado por autoridades civiles, eclesiásticas y militares. Brigadieres, coroneles y funcionarios acompañaron la ceremonia en un recorrido que se detenía en cada esquina para realizar rezos en honor al prócer.
Fue el reconocimiento tardío para un hombre que entregó su vida, su salud y su patrimonio por la construcción de una nación independiente.
A 206 años de su muerte, la figura de Manuel Belgrano continúa creciendo. Y los detalles revelados por aquella autopsia permiten comprender el enorme sacrificio personal que realizó uno de los grandes protagonistas de la historia argentina.
Con información de Infobae