Con el presidente Javier Milei como espectador de lujo e interactuando permanentemente con sus fans en el recinto, la Cámara de Diputados se convirtió en un duelo de hinchadas, incluyendo una guerra de cánticos entre las parcialidades, con provocaciones, abucheos y ovaciones que acompañaron las juras de los legisladores electos.

La entrada de Mile al palco principal, acompañado por su hermana Karina Milei y el jefe de Gabinete Manuel Adorni, se dio en medio de un estruendo de aplausos de los libertarios: estallaron sus palmas tanto los que estaban sentados en sus bancas, como quienes abarrotaron las galerías del recinto como en las viejas épocas del Gobierno de Cristina Kirchner.

También fue muy efusiva la bienvenida que le dispensaron los libertarios a la saliente ministra de Seguridad y senadora nacional electa, Patricia Bullrich, quien se convertirá en la figura excluyente de la estrategia del oficialismo en el Congreso.

El fuego cruzado se inició cuando el diputado nacional de Unión por la Patria y ex veterano de Malvinas Aldo Leiva, antes de que se iniciaran las juras, se dio vuelta y al levantar la cabeza ubicó con su vista a Milei, a quien le recordó que “la Patria no se vende”, el tradicional grito de guerra del kirchnerismo.

Inmediatamente de que el chaqueño prendiera la mecha, la bancada liberal lo abucheó y retrucó al grito de “¡Presidente, presidente!”.

Milei retribuyó el clamor de los suyos alzando los brazos, a modo de arenga, completamente desaforado y mimetizado con el ambiente más propio de un circo romando o de un estadio de fútbol con locales y visitantes en las gradas.

En ese momento empezaron a mezclarse las consignas de uno y otro lado: kirchnerismo e izquierda entonaban “la Patria no se vende” y los libertarios los taparon al grito de “¡Libertad!”.

El jefe de Estado se zambuyó en la confrontación cuando su parcialidad empezó a cantar “la casta no se vende”, típico latiguillo de las Fuerzas del Cielo.

Los primeros que pasaron al frente para jurar fueron los trostskistas del Frente de Izquierda Nicolás del Caño y Romina del Plá, que vistieron sus bancas con carteles en contra de la invasión a Venezuela y la “reforma laboral esclavista” del Gobierno.