Este 20 de marzo se cumplen 165 años del terremoto que cambió para siempre la historia de Mendoza. Aquella noche de 1861, a las 20:30, un fuerte sismo de magnitud estimada en 7.2 sacudió la ciudad y provocó una de las peores catástrofes naturales del país. Se calcula que entre 4.000 y 5.000 personas murieron como consecuencia del movimiento telúrico, los incendios posteriores y las inundaciones generadas por el desborde de los canales de riego.
En medio del escenario devastado, San Juan tuvo un rol clave en la asistencia inmediata a la población mendocina. La ayuda llegó a través del gobierno, de profesionales de la salud, del ejército y también de ciudadanos que se movilizaron de manera solidaria para socorrer a los sobrevivientes.
El terremoto que destruyó Mendoza
El sismo del 20 de marzo de 1861 destruyó prácticamente toda la ciudad. Muchas viviendas estaban iluminadas con lámparas a combustible o velas, lo que provocó incendios que se expandieron rápidamente entre los escombros por casi 4 días.
A la tragedia se sumaron las inundaciones causadas por el desborde de acequias y canales de riego, cuyos cauces quedaron obstruidos por los derrumbes. Muchas personas quedaron atrapadas bajo los restos de las construcciones y murieron asfixiadas o ahogadas. En los días posteriores, las enfermedades agravaron aún más la situación.
En ese momento, el gobernador de Mendoza era Laureano Nazar, quien logró sobrevivir tras quedar atrapado bajo los restos de la puerta de su despacho en el Cabildo.
La rápida reacción de San Juan
Apenas conocida la tragedia, el gobierno de San Juan organizó un operativo de ayuda para asistir a los damnificados. El gobernador provincial era entonces el coronel Francisco Domingo Díaz, quien había asumido el mando apenas unas semanas antes, el 1 de marzo de 1861.
Desde San Juan se enviaron recursos, personal sanitario y efectivos militares para colaborar con las tareas de rescate y asistencia. Además, la provincia actuó como un punto clave para comunicar la tragedia a otras jurisdicciones y canalizar la ayuda proveniente del resto del país.
El papel del gobierno sanjuanino quedó reflejado en distintos documentos históricos que hoy se conservan en el Museo Provincial Agustín Gnecco, en la capital sanjuanina.
Uno de los documentos más valiosos está fechado el 26 de marzo de 1861, apenas seis días después del terremoto. En esa nota dirigida al gobernador mendocino Laureano Nazar, la Comisión Representativa del Gobierno de San Juan informaba sobre el envío de ayuda médica y humanitaria.
El documento señalaba:
“Traemos en nuestra comitiva a dos cirujanos provistos de las medicinas que por el momento han creído necesarias y a la señora doña Gertrudis Funes de Martínez, presidenta de la Sociedad de Beneficencia de San Juan, que de su espontánea voluntad viene a ejercer los actos de humanidad que le imponen los deberes de su instituto”.
Las cartas que dan testimonio de la ayuda
Entre esos registros se encuentra una carta fechada el 2 de abril de 1861 y firmada por Juan Godoy, en la que se agradece al gobierno sanjuanino por el apoyo brindado.
En el documento se menciona especialmente el “dinero prestado en tan doloroso y trágico suceso”, lo que evidencia la asistencia económica enviada desde San Juan.
Otro escrito, fechado el 8 de abril de ese mismo año y firmado por autoridades del gobierno de San Miguel de Tucumán, destaca el accionar del gobierno sanjuanino por haber actuado rápidamente en favor de Mendoza y por haber informado a otras provincias para coordinar la ayuda.
Gertrudis Funes, una protagonista solidaria
Más allá de la asistencia oficial, también hubo figuras de la sociedad sanjuanina que participaron activamente en el auxilio a los mendocinos. Una de ellas fue Gertrudis Funes, reconocida por su compromiso con la salud pública y la acción social.
Perteneciente a una familia de la aristocracia sanjuanina y presidenta de la Sociedad de Beneficencia, Funes organizó una expedición solidaria hacia Mendoza.
Según los relatos de la época, cargó dos carretas con medicinas, ropa de abrigo y dinero, y viajó hasta la ciudad devastada junto con parte de su personal.
Allí colaboró activamente en las tareas de rescate, removiendo escombros, buscando sobrevivientes y asistiendo a los heridos y enfermos.
A 165 años de aquel desastre, el terremoto de 1861 sigue siendo recordado como el hecho más trágico en la historia de Mendoza. Pero también dejó un legado de solidaridad entre provincias.
La rápida respuesta de San Juan, tanto desde el gobierno como desde la sociedad civil, fue clave para asistir a las víctimas en los momentos más difíciles y quedó registrada en documentos históricos que hoy permiten reconstruir uno de los episodios de cooperación más significativos entre ambas provincias.
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