Cada 30 de agosto se celebra el Día de Santa Rosa de Lima, una figura clave del catolicismo en América Latina y la primera santa del continente. Nacida como Isabel Flores de Oliva en Lima, Perú, en 1586, fue una mujer que desde joven decidió dedicar su vida a la oración, la penitencia y la ayuda a los más necesitados, ganándose la admiración de su comunidad por su profunda fe y humildad.
Santa Rosa fue canonizada en 1671 por el Papa Clemente X y se convirtió en la patrona de América, Filipinas y las Indias. Su festividad es especialmente celebrada en países como Perú, Argentina, Paraguay y otros de la región. En Argentina, su figura tiene además un fuerte arraigo popular, sobre todo en provincias del norte y oeste del país.
Pero además de su relevancia religiosa, el nombre de Santa Rosa está vinculado a un fenómeno meteorológico muy particular: el llamado “temporal de Santa Rosa“. Según la tradición popular, en los días previos o posteriores al 30 de agosto suele producirse un cambio brusco del clima, con tormentas fuertes, lluvias intensas, viento y actividad eléctrica, justo en el final del invierno y antes del inicio de la primavera.
Este fenómeno fue documentado por primera vez por el sacerdote y meteorólogo Benjamín Gould en el siglo XIX, quien observó que, con frecuencia, se producían tormentas alrededor de esta fecha, coincidiendo con la celebración de la santa. Aunque no ocurre todos los años ni con la misma intensidad, el temporal de Santa Rosa se convirtió en parte del imaginario colectivo argentino y es motivo de atención cada año.
Si bien la ciencia no reconoce una relación directa entre la santa y el clima, lo cierto es que las condiciones meteorológicas de fines de agosto suelen ser propicias para tormentas debido a la inestabilidad atmosférica. Esto ha reforzado la creencia popular de que Santa Rosa “anuncia” o “despide” el invierno con un temporal.