A los 92 años, José Botino camina más lento que antes, pero su memoria sigue viajando con una facilidad asombrosa. Sentado en el comedor de su casa, rodeado de recuerdos acumulados durante décadas, vuelve una y otra vez a aquel viaje que cambió su vida para siempre. En su living, un rincón que respira historia, recibió a Diario La Provincia SJ.

Su mirada es mansa y sus manos, las mismas que alguna vez paletearon helado hasta el cansancio, ahora descansan sobre una mesa llena de recuerdos. Se lo ve impecable, con un pulóver rojo vibrante que contrasta con la nieve de su cabello. Cerca de él, como centinelas de otra época, reposan antiguos teléfonos de colección (esos de manivela y disco que hoy parecen piezas de museo). Él también es una pieza de colección: un inmigrante que forjó su destino a fuerza de trabajo. Lo acompañan su inseparable esposa, Lidia Javiera Ochoa, y sus dos hijos, quienes lo miran con un orgullo que se palpa en el aire.

Este viernes 12 de junio será un día histórico. El municipio de la Ciudad de San Juan lo declarará Ciudadano Ilustre en un acto especial en el Teatro Sarmiento. Es el merecido reconocimiento a un hombre que no solo vendió helados, sino que endulzó la infancia de generaciones de sanjuaninos y creó un imperio de heladerías en la década del 80 y 90.

José Botino posa en su hogar, rodeado de recuerdos y objetos que reflejan una vida marcada por el trabajo, la inmigración y el esfuerzo. Foto: Diario La Provincia SJ / Maximiliano Huyema.

El Largo Viaje desde Génova: “Tardamos un Mes”

La historia de José comienza lejos de las montañas de San Juan. Nació en Italia en 1934 y cuando tenía 14 años su historia cambió. Fue en diciembre de 1947 cuando dejó atrás su Génova natal junto a sus padres y su hermano. La guerra había terminado, pero Europa todavía intentaba levantarse de las ruinas. Como miles de italianos, la familia Botino apostó todo a un futuro incierto en la Argentina. “Salí de Génova en diciembre de 1947. Viajábamos mi papá, mi mamá, mi hermano y yo.Llegamos en 1948 porque el barco se rompió y tardamos casi un mes en llegar a Buenos Aires. No hacía escala en ningún lado”, recordó durante la charla con Diario La Provincia SJ.

La travesía fue apenas el comienzo. Cuando desembarcaron en el país, las autoridades clasificaban a los inmigrantes según sus oficios. El padre de José era mecánico de aviones y fue destinado a Córdoba para trabajar en las Industrias Metalúrgicas del Estado. La familia abordó entonces un tren que tardó tres días en llegar a destino. “El tren funcionaba con leña. Eran otros tiempos“, dijo.

José y Lidia en Habana.

La adaptación no fue sencilla. Ninguno hablaba español. En Córdoba, la vida empezó de cero. José y su hermano iban a la escuela nocturna. “Para el idioma teníamos una profesora para toda la familia. Venía a las 18 horas, estaba una hora y se iba“. El cine fue su gran aliado para aprender español. “Daban tres películas. Así fuimos aprendiendo de apoco el idioma”.

De Botones a Repuestero: El ADN del Trabajo

Pero la necesidad económica no daba margen para demorarse demasiado en la adaptación. Como tantos hijos de inmigrantes, José comenzó a trabajar apenas pudo. El espíritu emprendedor de los Botino no tardó en despertar.

El histórico empresario sanjuanino repasa junto a su familia los momentos que marcaron más de cinco décadas al frente de Heladería Habana. Foto: Diario La Provincia SJ.

Su hija Liliana relató con admiración: “Mi papá apenas llegó a la Argentina, empezó a trabajar. Tenía 14 años y trabajaba en un hotel como botones… Después mi papá se puso una super confitería, ‘Superga’, en una avenida importante“. José aclaró el nombre con melancolía: “‘Superga’ porque en Italia Superga es una montaña que está cerca de Torino. Había caído allá un avión y habían fallecido allá todo un equipo”.

Pero el destino tenía más vueltas. José se convirtió en viajante de comercio, vendiendo repuestos para motos por todo el país. “Recorrió parte del país con esa actividad“. Fue en uno de esos viajes donde la magia ocurrió.

Con una lupa en la mano y rodeado de recuerdos, José Botino revisa páginas de una historia que se convirtió en parte de la memoria sanjuanina. Foto: Diario La Provincia SJ / Maximiliano Huyema.

Un Amor en los Años 60: “Unos Aros y Ahí Me Enganchó”

Lidia Javiera Ochoa sonríe al recordar cómo conoció a ese “gringo” regalero. “Él viajaba por todas las provincias… Así conoció a un primo mio de Mendoza… Una noche, en una oportunidad hubo un casamiento del primo mio. Lo invitaron a él y a nosotros… Fuimos todos y ahí nos enamoramos. Fue en los años 60”.

El cortejo fue a la antigua. “Él venía todos los meses a San Juan y nos visitábamos… Íbamos al cine Renacimiento o Estornell… íbamos con mi prima, con mi sobrina, íbamos todos porque decían ‘cómo van a ir solos’“. Lidia evoca los detalles con cariño: “Era muy regalero él… Uno de los primeros regalos fueron unos aros y ahí me enganchó”. Se casaron en noviembre de 1964 en la iglesia de Los Capuchinos en Córdoba.

El histórico empresario sanjuanino repasa junto a su familia los momentos que marcaron más de cinco décadas al frente de Heladería Habana. Foto: Diario La Provincia SJ / Maximiliano Huyema.

La Heladería Habana: El imperio en San Juan

La llegada de José Botino a la industria del helado fue casi accidental. Su hija contó: “Mi papá conocía un señor que vendía repuestos. Este señor tenía a su esposa que era sanjuanina que tenía la heladería Habana. Venían, hacían la temporada y volvían a Córdoba“. Un accidente con una garrafa dejó al dueño sin poder trabajar. “Le dice a mi papá ‘qué te parece, ¿no me comprarías el negocio?'”.

José recuerda que el interés inicial era otro: “El tema comenzó realmente porque ellos tenía un terreno para venderme… Cuando fuimos a hacer los papeles… no me lo quisieron escriturar… y me dijo ‘te vendo la heladería’. Le pagué con un alto de cheques”.

La pasión por emprender llevó a José Botino a transformar una pequeña heladería en un negocio con presencia en distintos puntos de la provincia. Foto: Diario La Provincia SJ / Maximiliano Huyema.

Así, la Heladería Habana, primero en la esquina de Córdoba y Tucumán y luego en su ubicación emblemática de Ignacio de la Roza desde 1981, se convirtió en el proyecto de vida de la familia.

Innovación y 60 sabores: “Dijeron que me iba a fundir”

Los comienzos fueron duros. El helado se hacía a mano. “El sábado a las 2 de la tarde yo estaba ahí como un soldadito y me tenía que quedar ahí hasta las 8 de la noche atendiendo la caja”, recordó entre risas su hija, quien a los 8 años ya trabajaba a la par de sus padres. “Hay mucha gente que se acuerda que mi papá ponía un banquito y yo atendía la caja”.

José, siempre inquieto, vio la necesidad de modernizarse. “En los 80 mi papá siempre viajó mucho y estaba al tanto de la tecnología… se contactaron con una fábrica de Córdoba que traía productos importados de Italia”. Trajeron maquinaria que automatizaba el proceso, eliminando el manejo manual. “Fue un salto de calidad impresionante”.

Helado tipo pino, característico de Habana. Foto: Diario La Provincia SJ / Maximiliano Huyema.

La competencia con gigantes como Soppelsa fue el motor de la innovación de José. “Cuando vinimos a San Juan habían 5 sabores… Un día me dijo [el proveedor de leche] ‘gringo tenes que hablar con Soppelsa, pongansen de acuerdo’… y [Soppelsa] nos dijo ‘no, si van a durar una semana’. ‘A’ dije, bueno. Entonces buscamos una salida… pasamos de esa cantidad a 60 gustos”. El desafío lo motivó: “Como dijeron que me iba a fundir, dije ‘¿a si?’ voy a hacer 60 gustos… A veces por la necesidad o para evitar la competencia que me movía el piso”.

Creó chocolates, dulces de leche variados, coco, y un sinfín de opciones que conquistaron a los sanjuaninos. Su hijo añade otro detalle clave: “Si bien Soppelsa tenía más variedad de precios, el nuestro el tamaño era más grande. A la gente le gustaba comer mucho”.

La década del 80 y 90 fue la época de oro de Habana. Llegaron a tener 8 sucursales entre Capital y Rawson. No solo vendían helado, vendían experiencias. “Tuvimos una heladería en la peatonal y pusimos una fuente. Después de eso, sumamos los juegos de los niños, juegos mecánicos con la fichita. En Desamparados pusimos la calesita, los autos chocadores. En el centro, frente al correo, armamos el Habana Aventura”.

De inmigrante italiano a referente empresarial: la trayectoria de José Botino será reconocida este viernes en el Teatro Sarmiento. Foto: Diario La Provincia SJ / Maximiliano Huyema.

Era el lugar de encuentro obligado de las familias sanjuaninas. El helado “se paleteaba y se hacía el pinito. Lo armabas e ibas cacheteando y se iba estirando y lo bañabas en chocolate”, recuerda su hijo con nostalgia.

Un Cierre Doloroso y un Reconocimiento Eterno

La crisis del 2001 golpeó fuerte. “Empezamos a ver que las reglas del juego era muy difícil mantener los negocios abiertos… incorporamos el tema de café, bombones, los juegos… Argentina es así”, explica su hijo. “Cerramos todas las heladerías paulatinamente menos la de avenida Ignacio de la Roza… lamentablemente es muy feo después de muchos años para armar los negocios, tener que desarmar”.

José Botino recuerda los desafíos de la inmigración y los primeros años de trabajo en Argentina tras llegar desde Italia en 1948. Foto: Diario La Provincia SJ / Maximiliano Huyema.

Hoy, José Botino disfruta de su retiro. “Ahora ‘arrivederci’. Voy a tomar un café cuando tengo ganas… ya no tengo nada que ver con el negocio”. Aquejado por la dificultad para caminar, su mundo se ha reducido, pero su legado permanece intacto.

Este viernes, San Juan se pondrá de pie para aplaudir a José Botino. No solo al empresario exitoso, sino al hombre que, como los teléfonos antiguos de su living, conecta con una época donde el esfuerzo y la pasión eran los ingredientes principales de cualquier “imperio”.