Hay historias que encuentran en el Día del Padre el momento perfecto para ser contadas. Historias que hablan de amor, de sueños que parecían imposibles y de familias que se construyen superando cada obstáculo. La de Alejandro Quiroga es una de ellas.
Hace algunos años, junto a su esposa Florencia, imaginaba el futuro sin saber que la vida le tenía preparada una sorpresa que cambiaría para siempre el rumbo de su historia. Primero llegó Catalina, la hija mayor. Luego, cuando la familia comenzaba a transitar una nueva etapa, apareció una noticia que los dejó sin palabras: no esperaban un bebé, sino tres.
Así llegaron las trigemelas que emocionaron a San Juan desde su nacimiento y cuya historia fue seguida de cerca por toda la provincia. Hoy, aquellas pequeñas ya cumplieron dos años y llenan de movimiento, alegría y travesuras una casa donde el amor parece multiplicarse a la misma velocidad con la que ellas crecen.
En este Día del Padre, Alejandro abrió las puertas de su historia para contar cómo es la vida actual junto a Catalina y las trigemelas, las cuatro niñas que transformaron para siempre su manera de entender la felicidad.
Un recuerdo que sigue emocionando
Aunque ya pasaron dos años desde el nacimiento de las pequeñas Alfonsina, Margarita y Guillermina, hay momentos que permanecen intactos en la memoria familiar.
Alejandro reconoce que todavía hoy se emociona cuando recuerda aquellos días difíciles y observa todo lo que han avanzado sus hijas.
“Verlas grandes y sanas es increíble. A veces todavía vienen flashes o recuerdos de cuando estuvieron en Neonatología. Verlas hoy y ver dónde estamos después de todo lo que vivimos anteriormente es algo que todavía moviliza mucho”, contó a Diario La Provincia SJ.
La emoción también aparece al recordar el instante en que supieron que la familia crecería de una manera completamente inesperada.
“Todavía nos acordamos de cuando nos dieron la noticia. Fue un momento que nos quedó grabado y del que nos vamos a acordar siempre”, expresó.
Aquella sorpresa dio inicio a una etapa repleta de desafíos, cambios y aprendizajes. Una experiencia para la que, según admite, nadie puede estar completamente preparado.
Una casa donde todo gira alrededor de cuatro niñas
Hoy la rutina familiar está marcada por los horarios, las actividades y las necesidades de las pequeñas.
Catalina, la mayor, ya tiene cinco años y asiste al jardín. Las trigemelas, que recientemente cumplieron dos años, atraviesan una etapa de enorme energía, curiosidad y movimiento.
La organización se convirtió en una herramienta fundamental para sostener la dinámica familiar. Mientras él trabaja en el área comercial y Florencia se desempeña como docente de Nivel Inicial, cuentan con la ayuda de una niñera para afrontar las mañanas.
“Tienen una rutina que tratamos de respetar porque es la única forma de poder llevar adelante la vida diaria. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos estamos dedicados a ellas”, explicó.
La jornada comienza temprano y cada minuto parece tener una tarea asignada. Entre el trabajo, el jardín, las comidas, las siestas y los juegos, el tiempo se reparte exclusivamente entre las necesidades de las cuatro niñas.
“En este momento nuestra vida gira alrededor de ellas. Desde que nos levantamos hasta que termina el día, prácticamente todo es para las cuatro”, contó.
Catalina, la hermana mayor que siempre está presente
En medio de la intensidad cotidiana, Catalina ocupa un lugar muy especial dentro de la familia.
Aunque sus padres procuran que disfrute plenamente de su infancia y evitan cargarla con responsabilidades que no le corresponden, reconocen que desarrolló un vínculo muy fuerte con sus hermanitas.
“Ella es muy protectora. Nosotros tratamos de darle el lugar que un niño merece, pero siempre está pendiente de ellas”, relató.
Travesuras, risas y descubrimientos
Las trigemelas atraviesan una etapa en la que cada día trae algo nuevo. Alejandro las describe como niñas inquietas, curiosas y llenas de energía.
“Ahora están re inquietas. Se suben a los cajones, al sillón, a las camas. Se pelean entre ellas, se sacan los juguetes. Todo el tiempo hay que estar atentos”, contó entre risas.
Cada travesura, cada palabra nueva y cada pequeño avance se convierten en momentos que la familia atesora.
“Es muy movilizante ver cómo van creciendo. Todos los días hacen algo distinto y uno las va viendo sacar sus propias personalidades”, expresó.
Un padre presente en cada momento
Más allá de las obligaciones laborales, Alejandro intenta que cada momento libre tenga un único destino: sus hijas.
Cuando termina su jornada, el tiempo pertenece completamente a ellas. “Cuando llego de trabajar trato de dedicarles el 100%”, explicó.
El regalo más grande de su vida
Cuando se acerca el momento de hablar del Día del Padre, la emoción se vuelve inevitable. Alejandro mira hacia atrás y recuerda que, durante mucho tiempo, él y Florencia creyeron que formar una familia podía ser algo inalcanzable.
“Teniendo en cuenta nuestra historia, nosotros nos casamos pensando que no íbamos a poder ser padres”, confesó.
Por eso, cuando observa la mesa familiar, escucha las risas de sus hijas o las acompaña mientras juegan, siente que está viviendo algo que alguna vez pareció imposible.
“Si uno mira todo lo que vivimos hasta llegar hoy, es muy gratificante tenernos juntos a todos”, reflexionó.
Y entonces llega la definición más sincera, aquella que resume el significado de este Día del Padre para un sanjuanino que encontró en su familia la mayor felicidad. “No puedo pedir nada más. Siempre hablo de las cinco mujeres que tengo en casa. Mi esposa es mi cable a tierra, la que me contiene todos los días, y las niñas son mi vida, son todo“, contó.
Mientras Catalina y las trigemelas siguen llenando la casa de risas, corridas y juegos, Alejandro celebra un nuevo Día del Padre con la certeza de haber recibido el mejor regalo que podía darle la vida: una familia unida, sana y feliz.