Mientras millones de argentinos siguen el Mundial desde sus hogares, bares o reuniones familiares, un grupo de 21 personas lo vive desde uno de los lugares más extremos del planeta. A miles de kilómetros del continente, rodeados de hielo, temperaturas bajo cero y en plena noche polar, cantan el Himno Nacional abrazados y con la misma emoción que cualquier hincha. Entre ellos está Mauricio Leiva Mola, un sanjuanino de 29 años nacido en Pocito que hoy hace patria en la Base Antártica Belgrano II, una de las tres más australes del mundo.

El desierto blanco es un escenario imponente, monótono en su blancura y hostil por naturaleza. Allí, donde el viento ruge y el termómetro ha llegado a marcar los 35 grados bajo cero en lo que va del año, el sanjuanino tiene la responsabilidad de custodiar la soberanía nacional. El joven pocitano hoy se desempeña como 2° Jefe y Oficial Logístico de la Base, la más austral de la Argentina y uno de los tres puntos habitados más extremos del planeta.

Desde ese rincón blanco y remoto de la Antártida Argentina, Mauricio habló con Diario La Provincia SJ y relató cómo es la vida en una base donde el invierno trae cuatro meses completos de oscuridad y donde cada jornada representa un desafío logístico, humano y emocional.

Una vocación que nació en San Juan

Mauricio es el cuarto de cinco hermanos y el único que dejó San Juan para construir su carrera militar. Mientras su familia permanece en la provincia, él eligió un camino diferente que lo llevó a cruzar el Mar de Weddell a bordo del rompehielos Almirante Irízar.

“Entré al Ejército cuando terminé el secundario, en 2015, y en 2020 me recibí como oficial del arma de Artillería. Elegí esto por vocación, era algo que me apasionaba desde chico. Hoy estoy acá, en estas latitudes, cumpliendo un rol muy importante para el país“, contó.

Lejos de San Juan y de su familia, Mauricio Leiva Mola alienta a la Selección Argentina junto a sus compañeros desde el corazón del continente blanco.

Su madre sigue viviendo en la provincia y es uno de los pilares que lo sostienen a la distancia. “Mi papá ya no está, pero mi mamá está más que orgullosa de las actividades que realizamos. Siempre me lo dice y esas palabras son las que me dan fuerza para continuar haciendo lo que hacemos acá“, expresó.

Llegó a la Base Belgrano II en febrero de este año y si todo sale según lo previsto, recién volverá al continente entre febrero y marzo de 2027. Hasta entonces, permanecerá allí de manera ininterrumpida. “Estamos acá las 24 horas del día, los siete días de la semana, los 365 días del año. Una vez que el Irízar se va, es muy difícil que haya una evacuación o que alguien pueda retirarse de la base”, explicó.

El desierto blanco donde vive el sanjuanino

Belgrano II es la base permanente más austral de Argentina. Está construida sobre un afloramiento rocoso que emerge en medio de una inmensa barrera de hielo. “Acá prácticamente todo es blanco. Estamos en el desierto blanco que es la Antártida Argentina. Hay hielo, mar congelado, grietas y un paisaje completamente distinto a cualquier otro lugar”, describió.

La dotación está integrada por personal del Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea, científicos de la Dirección Nacional del Antártico y especialistas del Servicio Meteorológico Nacional. Mauricio se desempeña como segundo jefe de base y oficial logístico.

“Todo lo relacionado con combustible, alimentos, repuestos y logística pasa por mi administración. Detrás de cada persona que vive acá hay muchísimo trabajo para sostener la presencia argentina en estas latitudes”, señaló.

Las temperaturas forman parte de la rutina diaria. Desde que llegaron no han registrado valores por encima de cero grados.

Entre temperaturas de hasta 35 grados bajo cero y cuatro meses de noche polar, el militar sanjuanino representa al país en una de las bases más australes del planeta.

“Hoy tenemos una máxima de 20 grados bajo cero y una mínima de 25 grados bajo cero. Desde febrero hemos llegado a tener 35 grados bajo cero. Históricamente hubo registros de hasta 51 grados bajo cero en esta base”, contó.

Sin embargo, el frío no es lo único que impacta. Desde hace dos meses viven inmersos en la noche polar, un fenómeno que elimina por completo la luz solar durante cuatro meses.

“Ya estamos a mitad de la noche polar. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos es de noche. Nos quedan todavía dos meses más así“, relató.

Pese al aislamiento, la tecnología ayuda a mantener vivos los vínculos. “Gracias al internet satelital tenemos videollamadas, mensajes y redes sociales. Eso nos hace sentir más cerca de nuestras familias, que son las que nos dan fuerza para seguir adelante”, afirmó.

El aliento a la Selección Argentina

Pero hay otra conexión que atraviesa la base y los une con millones de argentinos: el fútbol. Cada vez que juega la Selección, los 21 integrantes de la dotación se reúnen para compartir el partido.

Cada partido de la Selección se vive con abrazos, cábalas y el Himno Nacional en la Base Belgrano II, donde Mauricio Leiva Mola representa a San Juan.

“Siempre estamos todos juntos. Cuando juega Argentina nos reunimos los 21. En el momento del himno nos abrazamos, lo cantamos y estamos pendientes de todo. Lo acompañamos con una picada o algo para compartir. Es muy lindo porque somos un país futbolero y eso no se puede negar”, dijo.

Para Mauricio, la emoción que genera la Selección tiene mucho que ver con los valores que también representa la vida militar.

Los jugadores hacen lo que tienen que hacer y dejan al país bien representado. Cada uno desde su lugar cumple una función. Nosotros lo hacemos acá y ellos lo hacen en la cancha. Por eso estamos orgullosos de ellos”, sostuvo.

Las cábalas también existen en el fin del mundo. “Siempre nos ponemos la camiseta, tratamos de sentarnos en los mismos lugares y de estar los 21 reunidos. Son pequeñas cosas que hacemos cada vez que juega Argentina”, contó entre risas.

Hacer Patria en el “fin del mundo”

A miles de kilómetros de Pocito, rodeado de hielo y oscuridad, Mauricio encuentra en la bandera argentina el mismo motor que lo llevó hasta allí.

“Los colores celeste y blanco son los que nos trajeron hasta acá. Es un orgullo verla triunfar en cualquier lado y también portarla en el uniforme. Representar y estar dispuesto a defender a la Nación es lo que nos llama a ser soldados y es lo que hacemos desde cada lugar donde estamos”, concluyó.

Mientras la Selección sigue su camino en el Mundial, en uno de los puntos más australes del planeta un grupo de argentinos continuará alentando con la misma pasión que en cualquier rincón del país. Porque incluso en la inmensidad helada de la Antártida, el sentimiento por la camiseta sigue encendiendo corazones.