Hay historias que nunca se apagan: permanecen vivas en la memoria, en los gestos y en las huellas que dejan quienes dedicaron su vida a los demás. En el corazón del Quinto Cuartel, esa memoria volvió a latir con fuerza a partir de un emotivo reconocimiento a Luisa Menéndez, fundadora de la institución que hoy se conoce como Escuela 12 de Agosto.

Ese legado se remonta a sus orígenes, cuando el establecimiento funcionaba como Escuela Nacional N° 94, con estructuras más simples y un fuerte compromiso de quienes enseñaban.

Con el paso del tiempo, aquella Escuela N° 94 adoptó el nombre de Escuela 12 de Agosto, manteniendo viva la esencia de sus comienzos y el espíritu con el que fue creada.
Emoción a flor de piel. Foto: Gentileza familia de Jorge

Un regreso cargado de emoción y memoria viva

Con lágrimas en los ojos, pausas inevitables y una memoria que no deja lugar a dudas, Jorge Menéndez volvió a San Juan para cumplir un sueño que lo acompañó durante años: rendirle homenaje a su tía, Luisa Menéndez, la mujer que creó la Escuela 12 de Agosto y dejó una huella imborrable en su familia y en la educación.

“Discúlpeme que me emociono… pero ya estoy viejo y los sentimientos son muchos”, resaltó Jorge a Diario La Provincia SJ.
Jorge, 81 años y una memoria intacta. Foto: Maximiliano Huyema- Diario La Provincia SJ

Mi tía fue maestra, hizo la escuela… y mandaba a los hermanos a ordeñar la vaca para llevarle la leche a los chicos”, recordó Jorge, destacando prácticas que nacían del compromiso y la vocación.

Para él fue mucho más que una tía: fue guía, sostén y ejemplo. “La educación era prioridad para ella”, afirmó. Y ese valor lo transmitió con fuerza dentro de la familia.

Además, el vínculo tenía un detalle especial: ambos nacieron un 6 de julio. “Por eso es mi madrina… tengo doble satisfacción hacia ella y doble compromiso”, expresó.

Emotivo momento en la escuela 12 de Agosto. Foto: Gentileza familia de Jorge

Un testimonio atravesado por la emoción

Mi sueño era que mi tía tuviera una placa en la escuela que ella hizo. La frase marcó el inicio de un relato profundo, cargado de recuerdos y sentimientos. Jorge la dijo con la voz entrecortada. Se detuvo. Respiró. Se secó las lágrimas. Y siguió.

Un testimonio atravesado por la emoción. Foto: Maximiliano Huyema- Diario La Provincia SJ

A lo largo de la entrevista, esa escena se repitió varias veces. No por falta de memoria —que permanece intacta a sus 81 años— sino porque la emoción lo desbordaba. Cada recuerdo aparecía con nitidez, con detalles, con nombres, como si el tiempo no hubiera pasado.

“Tenía que hacerlo”, repitió más de una vez, dejando en claro que este viaje no era uno más.
Jorge junto a sus hijos vivieron un emotivo momento. Foto: Maximiliano Huyema- Diario La Provincia SJ

Una familia numerosa y una figura que marcó el camino

Los Menéndez fueron muchos. Una familia grande, de esas donde el esfuerzo se compartía y la vida se construía entre todos. En ese contexto, la figura de Luisa Menéndez se volvió central.

Fue tía, madrina y también una guía. Tras una pérdida familiar, asumió responsabilidades dentro del hogar y se convirtió en un pilar para sus hermanos y sobrinos.

“La educación fue siempre su prioridad”, resaltó Jorge a Diario La Provincia SJ.

No solo enseñaba en la escuela: también lo hacía en la vida. Inculcó valores, disciplina y la importancia del estudio en tiempos donde nada era sencillo.

Una familia numerosa y una figura que marcó el camino. Foto: Maximiliano Huyema- Diario La Provincia SJ

La escuela como legado

La Escuela 12 de Agosto es el reflejo más claro de ese compromiso. Fue creada por Luisa Menéndez, quien volcó allí su vocación y su forma de entender la educación.

Para Jorge, ese lugar no es solo una institución: es parte de su historia, de su identidad familiar y del legado de su tía.

Durante años sintió que ese legado merecía un reconocimiento mayor. Esa idea fue creciendo con el tiempo, hasta transformarse en una promesa personal.

“Ella merecía más”, dijo con firmeza.

El viaje que se hizo esperar

Este fue el tercer viaje que Jorge realizó para poder concretar el homenaje. Desde La Plata, recorrió más de 1.200 kilómetros para llegar a San Juan.

En esta oportunidad no vino solo. Sus hijos lo acompañaron en todo momento. Patricia, una de sus hijas, estuvo presente en el acto, mientras que otra de ellas no pudo viajar por cuestiones laborales. Todos, según destacó, estuvieron pendientes de este momento.

“Tengo unos hijos que son un orgullo. Están siempre conmigo”, expresó.

La familia llegó unida a la Escuela 12 de Agosto, donde finalmente pudo cumplir con su objetivo: colocar una placa en honor a su tía en el ingreso de la institución.

El viaje que se hizo esperar. Foto: Maximiliano Huyema- Diario La Provincia SJ

Un homenaje cuidado en cada detalle

Nada fue improvisado. Jorge pensó cada aspecto del homenaje con dedicación. La colocación de la placa en el ingreso de la escuela fue el gesto central: un reconocimiento visible, concreto, que quedará para las futuras generaciones.

El homenaje no se limitó a la placa. Jorge decidió sumar un gesto más, pensado especialmente para la comunidad educativa.

“Le traje a la escuela una bandera de ceremonia”, contó.

Se trata de una bandera completa, con mástil, que será utilizada en los actos escolares. La intención es que el reconocimiento tenga presencia en la vida cotidiana de la institución.

La emotiva placa. Foto: Gentileza hija de Jorge
“Para que en cada acto esté presente, para que el abanderado la lleve”, explicó.

Una historia de esfuerzo y dedicación

Durante su relato, Jorge también repasó su propia historia. Su infancia en San Juan, el traslado a Buenos Aires por cuestiones económicas, su vida en La Plata, donde empezó de nuevo y encontró oportunidades.

Habló del trabajo, del esfuerzo y de los cambios. Pero siempre volvió a lo mismo: su tía.

Cada recuerdo parecía tenerla presente de alguna manera. Como guía, como ejemplo, como referencia.

Una historia marcada por el esfuerzo

La historia de Jorge también incluye momentos difíciles. Su familia dejó San Juan en la década del 60 por razones económicas.  “Mi padre había hecho un frigorífico, pero hubo que empezar de nuevo”, recordó.

El destino fue La Plata. Allí comenzó una nueva etapa, marcada por el trabajo y la adaptación. “La Plata me dio todo”, afirmó. Contó que al principio no conocía la ciudad, pero encontró personas que lo ayudaron. Empezó trabajando y, con el tiempo, logró estabilidad.

Una historia marcada por el esfuerzo. Foto: Maximiliano Huyema- Diario La Provincia SJ.

En 1972 ingresó a la Policía. Su tarea se desarrolló principalmente en el Círculo Policial, donde cumplió funciones administrativas y de organización. “Yo siempre trabajé, siempre hice lo que tenía que hacer”, resumió.

Destacó especialmente a su esposa, fallecida hace dos años. “Ella fue un ángel, ella crió a los chicos”, cerró.

A sus 81 años, Jorge no intentó ocultar lo que sentía. La emoción fue parte de todo el proceso. Estuvo en sus palabras, en sus silencios y en su mirada.

“Yo tenía que quedar bien con mi tía”, afirmó. Y en esa frase se resumió todo: años de recuerdos, de sentimientos guardados y de una deuda que finalmente pudo saldar.

El homenaje a Luisa Menéndez no se limita a una placa o a una bandera. Su verdadero legado está en la educación que impulsó, en los valores que transmitió y en las generaciones que pasaron por esa escuela.

Una bandera donada y cargada de historia. Foto: Diario La Provincia SJ

Hoy, gracias al gesto de su familia, su nombre vuelve a ocupar un lugar visible en la institución que ayudó a crear. Y en medio de la emoción, las lágrimas y los recuerdos, quedó algo claro: hay historias que no se olvidan.

Y hay personas que, como Luisa Menéndez, siguen enseñando incluso con el paso del tiempo.

Historia, memoria y emoción: el legado de Luisa Menéndez en la escuela de Quinto Cuartel que unió a una familia

Luis Enrique Menéndez (estuvo en el acto junto a su esposa, Nancy Graciela), sobrino-nieto y ahijado de la docente, reconstruyó parte de ese recorrido, cuando la institución aún era conocida como Escuela Nacional N° 94.

“Antiguamente las escuelas nacionales eran todas nacionales y tenían numeración. Esa escuela era 94; hoy 12 de Agosto”, explicó Luis a Diario La Provincia SJ.

Según relató, Luisa Menéndez fue una figura central no solo en la educación local, sino también en su familia: “Era la única hija mujer entre trece o catorce hombres. Habían habido una o dos mujeres más, pero fallecieron de chicas”.

Soltera y sin hijos, tomó una decisión que marcó generaciones: “Dijo que para ella los hijos eran sus sobrinos, y los quería muchísimo”. En ese sentido, destacó su rol clave en la formación de varios integrantes de la familia: “A mi padre lo hizo estudiar hasta quinto año, y a otro hermano lo mandó a una escuela técnica. Vivían con familiares en el centro y ella los ayudaba a todos”.

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Jorge junto a Luis Enrique, unidos con un mismo objetivo. Foto: Maximiliano Huyema- Diario La Provincia SJ

Su vocación docente la llevó a recorrer distintas instituciones del departamento Sarmiento, hasta consolidar su trabajo en la escuela que fundaría: “Dio clases en varias escuelas hasta que le tocó la 94, del 5° Cuartel, que la fundó ella”.

En aquellos años, las condiciones eran muy distintas a las actuales. “Han sido escuelitas rancho, y hoy tienen edificios hermosos”, recordó Menéndez.

Décadas después, el legado de Luisa volvió a ser reconocido en un acto cargado de emoción. La iniciativa surgió de Jorge, familiar directo, quien impulsó la colocación de una placa y la donación de una bandera de ceremonias para la institución.

“Me dijo: ‘tengo un compromiso y quiero que me ayudes a concretarlo’, que era poner una placa en honor a la madrina Luisa”, contó Menéndez.
Emotivo momento. Foto: Gentileza familia

Tras gestiones y coordinaciones con la comunidad educativa, el homenaje finalmente se concretó. Durante la jornada, la emoción fue protagonista: “Los alumnos le regalaban escritos, dibujos, le cantaron, le dedicaron un verso. Fue algo hermoso”.

El cierre del acto dejó una imagen imborrable: “Lo invitaron a merendar, lo sentaron en la cabecera y los chicos lo rodeaban. Cuando me fui, él estaba llorando de la emoción”.

El dato

En sus comienzos funcionaba como una “escuela rancho”, instalada en terrenos cedidos dentro de propiedades de la zona. Con el tiempo, y a raíz de distintos cambios —mencionándose incluso terremotos—, la institución fue trasladándose de un lugar a otro hasta que finalmente se logró la evaluación de un terreno y la construcción de un edificio escolar.