Después de décadas dedicadas a la enseñanza en el nivel inicial, Laura Fernández, más conocida por sus alumnos como la “seño Pichona”, cerró una etapa marcada por el amor, la vocación y el aprendizaje compartido con generaciones de pequeños sanjuaninos.

Desde hace más de 30 años Laura dictó clases en el nivel inicial de la Escuela Nueva Juan Fanzolato en Rawson. También hizo lo propio en el Colegio Medalla Milagrosa del Barrio Bancario. Siempre se caracterizó por su personalidad maternal, cariñosa y graciosa para tratar no solo a sus alumnos sino a las familias de su salita que la acompañaban año a año.

Con los primeros días del mes de noviembre llegó su jubilación y entre lágrimas y emoción fue despedida con mucho amor en las dos escuelas donde trabajaba.

La seño Laura, o “Pichona” como la llaman con cariño sus alumnos, se despidió de las aulas luego de una vida dedicada a la docencia en el nivel inicial.

Su vocación

“Heredé de mi mamá la pasión por enseñar”, contó a Diario La Provincia SJ. Su madre fue directora de la escuela 11 de Septiembre. Y Laura atesoró de ella recuerdos invaluables de su rol de maestra en una comunidad que no solo la demandaba por sus tareas pedagógicas.

Laura recordó verla colocarse el guardapolvo y volver a abrir el establecimiento junto a sus hijos tras el terremoto de 1977. Desde entonces, entendió que la docencia era más que un trabajo: era una forma de vida.

Sobre sus primeros días como docente recordó: “El primer día de clases fue hermoso. Los chicos de sala de 4 son un amor, y los de 5 ya se sienten grandes”.

 

Junto a sus pequeños alumnos recorrió las calles del barrio cercano a la escuela.

El cariño que no se mide

Para Laura, el aula siempre fue un espacio de ternura y sinceridad. “Los niños no miden su cariño”, aseguró en varias oportunidades. Recordó con dulzura cuando un alumno le contó a sus padres que “la seño Laura lo quería muchísimo” porque al saludarlo lo abrazaba fuerte. “Esas cosas te llenan el alma”, dijo.

Pero la seño no solo acompañó a sus alumnos en sus aprendizajes sino que muchas veces fue sostén para las mamás que necesitan un mensaje de apoyo en momento difíciles. “Usted tiene que estar bien para que sus hijos estén bien”, fue el mensaje que  la seño le dijo a una de las mamás de sus salitas en un momento duro y que esa mujer no olvidó jamás. Por que así como hay sonrisas, en las aulas también resuenan los problemas que los niños pueden tener en sus casas.

Eran una marca registrada, cada 25 de Mayo las sopaipillas que la seño preparaba con su familia para la fiesta de la escuela. Las disfrutaban chicos y grandes.

 “Tengo alumnos que hoy son papás y traen a sus hijos al jardín. Incluso he ido a casamientos o fiestas de 15 de mis exalumnos”, contó con orgullo. Una vez, cumplió la promesa que le había hecho a una nena de sala de 4: acompañarla en su fiesta de 15.

Rodeada del cariño de sus pequeños alumnos, la seño Pichona vivió una emotiva despedida tras décadas de enseñanza.

Un homenaje lleno de emoción

Como muestra del cariño que sembró a lo largo de los años, sus alumnos y colegas le prepararon una emotiva sorpresa. La despidieron con globos y aplausos, en medio de abrazos y besos.

Sus últimos alumnos hicieron  un video con tiernos mensajes de despedida, donde los niños la llaman por su apodo, seño Pichona, y le agradecen por su amor, su paciencia y por haberlos acompañado en sus primeros pasos en la escuela.

“Fue muy difícil, más de lo que me imaginé alguna vez. Pero todo muy hermoso”, reconoció Laura, conmovida por las palabras y los gestos de afecto de quienes la acompañaron en su carrera.

Colgado en su placard quedó su guardapolvo de maestra, pero sus simpatía y amabilidad vivirá para siempre en los corazones de sus alumnos.

“La docencia me lo dio todo, y aunque uno se canse, la paciencia no se cansa”, reflexionó la seño Pichona al cerrar su carrera.