Han pasado ocho años desde aquel 27 de junio de 2018 que marcó para siempre a una familia. El femicidio de Leila Rodríguez, ocurrido en Ullum, dejó una herida que el tiempo no logró cerrar. Para su madre, Paula Morales, el dolor no solo permanece intacto, sino que se vuelve cada vez más profundo.

En diálogo con Diario La Provincia SJ, la mujer confesó que la ausencia de su hija pesa más con cada aniversario y que ninguna madre está preparada para aprender a vivir con semejante pérdida.

“Cada año que pasa es más difícil de sobrellevar porque se extraña tanto a una persona que nunca pensé que se podía sentir esto que siento. Es inexplicable, no hay palabras. Por ahí miro la foto de ella y digo: ‘¿Por qué me tengo que conformar mirando la foto?‘. Porque no debería ser así. Y eso duele mucho”, confesó Paula con el corazón en la mano.

Con la imagen de Leila sus padres aseguraron que el dolor por la ausencia “cada año es más difícil de sobrellevar”. Foto: Diario La Provincia SJ / Maximiliano Huyema

Leila Rodríguez tenía 24 años cuando fue asesinada. Era madre de una nena de 2 años y vivían en el Lote Hogar 55 de Ullum. La última vez que la vieron con vida fue después de festejar un cumpleaños junto a su familia. Su cuerpo apareció un día después en un descampado de Ullum y por el hecho, Esteban Gabriel Pacheco (padre de la hija de Leila) fue condenado a perpetua como autor del crimen.

Paula reconoce que alguna vez creyó que el paso del tiempo aliviaría el sufrimiento. Sin embargo, ocurrió exactamente lo contrario. “Yo siempre pensé que al pasar los años se olvida o se deja de sentir, pero no. Es peor, es más desesperante. Cada día que pasa cuesta más“, confesó la mamá con la voz marcada por el dolor.

La mujer asegura que el 27 de junio quedó congelado para toda la familia: “Hace ocho años nos arrancaron a nuestra hija. Sentimos que morimos ese mismo día. Todo quedó intacto desde entonces y seguimos porque hay que seguir nada más. Cada año creíamos que iba a ser un poquito más fácil, pero no, se hace más difícil y cuesta arriba”.

Pacheco fue condenado a perpetua por el crimen de Leila Rodríguez.

La condena está firme, pero la familia sigue de cerca cada paso judicial

A pesar de que el femicida ya cuenta con una condena firme, el rol de Paula como madre se transformó en una guardia permanente. Acompañada de la Asociación Familias Unidas por el Dolor del Femicidio, asiste con frecuencia a los tribunales sanjuaninos para asegurarse de que el castigo se cumpla de manera efectiva.

Siempre vamos, estamos por ahí, preguntamos en el juzgado. Vamos a ver al juez, a preguntar cómo está todo. Hay que llevar todo, por lo menos de mi parte, al pie de la letra, a ver si está cumpliendo con lo que se lo castigó en ese entonces”, explicó la mujer, dejando en claro que su lucha no terminó con la sentencia.

Ámbar, la hija de Leila: a un paso de la supresión de apellido

Uno de los puntos más movilizantes de la actualidad de la familia es la situación de Ámbar, la hija de Leila. La pequeña tenía apenas 2 años y 3 meses cuando el femicida le arrebató a su mamá. Hoy, con 11 años, transita las instancias finales de un proceso judicial clave para su identidad: la supresión de apellido.

A ocho años del crimen de Leila Rodríguez, su familia mantiene viva la lucha por la memoria, la justicia y el apoyo a otras víctimas de femicidio. Foto: Diario La Provincia SJ / Maximiliano Huyema

Ella no quiere llevar el apellido del hombre que le sacó la vida a su madre, así que ya estamos en instancias finales casi. Todo va a depender del juez”, detalló Paula. Ámbar se crió bajo el ala de sus abuelos desde el primer día y conoce toda la verdad: “Ella sabe la verdad, siempre lo supo desde pequeña. Lo único que estamos esperando ahora es el proceso judicial“.

El dolor ante nuevos femicidios y un refugio para ayudar

Lejos de encontrar calma, Paula reconoce que cada caso de violencia extrema contra una mujer vuelve a abrir la herida. El reciente femicidio de Agostina Vega en Córdoba, fue uno de esos momentos que la hicieron revivir el peor capítulo de su vida.

“Ver el caso de Agostina Vega es desesperante. A mí, por lo menos, me empieza a tiritar todo el cuerpo, se me sale el corazón por la boca. Es muy feo, y me dan como ganas de ir y abrazar a esa madre. Y decirle que estoy… Son cosas muy feas que no se las deseo a nadie”.

Leila tenía 24 años y fue asesinada por su novio en Ullum.

Más allá de ese caso, el espíritu de la mamá de Leila es ayudar. Por eso, para mantener viva la memoria de su hija y evitar que otras mujeres sufran el mismo destino, la familia y la asociación inauguraron un espacio de contención en el departamento donde ocurrió el crimen.

“Colocamos una casa de refugio para las chicas con violencia de género. Es una forma de contenerlas y de que sepan que no están solas. Hay un lugarcito ahí en nombre de ella. Ojalá no tuviera que llevar el nombre de ninguna víctima, pero que ellas sepan que pueden recurrir allí para recibir apoyo“.

Mientras espera una resolución favorable para su nieta y continúa acompañando a otras familias atravesadas por el mismo dolor, Paula insiste en que el recuerdo de Leyla permanece más vivo que nunca.

Ocho años después, la ausencia sigue siendo la misma. La diferencia, dice, es que ahora aprendió que el tiempo no cura el dolor de perder una hija por un femicidio: “Seguimos adelante porque hay que seguir. Pero el dolor nunca disminuye. Al contrario, cada año pesa un poco más.”