Una práctica habitual despertó en Ana Fernández una pasión que sigue creciendo año a año. Desde pequeña, su madre solía regalarle un libro por mes, momento que ella esperaba ansiosa para embarcarse en una aventura enriquecedora. Hoy, a sus 19 años, cambia y vende libros usados en lo que a primera vista parece un negocio, pero satisface una necesidad muy personal de transmitir su pasión por la lectura.
“Empezó como una forma de vender los libros que no me gustaban tanto o los que no cabían en la estantería para comprarme otros”, dijo Ana a Diario La Provincia SJ; la idea era esa: leer más.
Hubo amigos, familiares, hasta personas que no conocía, que la contactaron para contribuir y le fueron dando libros. “Fue creciendo la colección a pasos agigantados. Empecé a principios de este año y pasé de tener unos 20 libros para vender a tener casi 200”, agregó.
“Lo que me llega es por intercambio o gente que me dice que tenía que desocupar algún rincón de la casa”, explicó y mostró una particular debilidad por los más pequeños, siempre que lleva sus ejemplares a la Feria Manija. “Me gusta siempre aceptar libros infantiles; me hace muy feliz cuando van chicos al stand a elegir sus libros y a cambiar los que ya leyeron”, dijo la entrevistada.
En este sentido, reflexionó sobre una realidad que la interpela: “Ahora no pasa mucho que los niños lean. Me ha pasado ver gente que dice que no van a comprar libros porque los niños no leen. Si no les compran, jamás van a leer nada. Cuando van, me da cierta esperanza”. Los libros de Gaturro están entre los más elegidos, mientras que los de espiritualidad y de autoayuda abundan.
Las condiciones del intercambio y los precios muchas veces tienen que ver con el estado del libro, que a veces requiere trabajo de encuadernación y reparación. “Hay libros que están como nuevos y otros a los que se les salen las páginas. A esos los arreglo; hay que encuadernarlos de nuevo, lleva otro trabajo”, dijo y agregó: “Esto suele pasar con los clásicos que la gente tiene guardados. Como se imprimen en muchas editoriales, hay ediciones que no son buenas”.
“Se le sale el lomo y las tapas, y las páginas quedan intactas. Hay que unirlo y armarlo de nuevo, con cola de carpintero y gaza; es mucho amor y paciencia. No es la mayoría de los libros, pero es parte del trabajo”, detalló.
A la hora de vender, siempre lee las sinopsis para recomendar, aunque también deja que los libros encuentren a su lector. “El perfil del cliente es diverso; hay un poco de todo. Yo tengo libros que eran de mi mamá. Pasan personas mayores de 50 años que dicen que los usaban en la secundaria para estudiar y ven otras cosas. Viene gente de todas las edades, que tiene dinero o estudiantes”, reveló.
Amante de los clásicos y las distopías, como 1984, que la “vuelven loca”. Expresó un especial fanatismo por Stephen King. Batalla permanentemente por dedicarle un tiempo de calidad a la actividad en medio de un mundo mediado por pantallas. “Cuesta. Pasa que con las redes sociales el tema es que es mucho más fácil. Mentalmente cuesta menos sentarse a scrollear y a corto plazo es más placentero”, en este sentido, dijo: “Yo tengo temporizadores en las aplicaciones. Se me cierran y no me queda otra que leer; también soy adicta al celular”.
Actualmente se encuentra en el último año de Química en el colegio Industrial y, aunque muchas veces no ve mucha ganancia en la venta de libros, cree que su futuro está muy relacionado con ellos. “El tema de los libros me gusta, pero no sé si podría vivir de esto. Si viene alguien a intercambiar y aunque por ahí no vale lo mismo, yo lo cambio; o si veo que no llegan a comprarlo, bajo el precio. No gano como para mantenerme. Me encantaría, pero lo veo muy lejos”, expresó.
Al respecto, dijo: “Me gustaría estudiar profesorado en Letras o Lengua y Literatura o Psicología. En un caso ideal, me gustaría seguir en el mundo de las editoriales y aprender a editar. Me llama mucho la atención”. Contacto para venta e intercambio: 2644 47-3131