Este 9 de julio, Argentina recuerda los 209 de la Declaración de la Independencia y se realizó el Tedeum, la principal ceremonia religiosa en San Juan, a cargo del arzobispo de San Juan de Cuyo, monseñor Jorge Lozano. 

Nuestra independencia no se produjo a partir de un gesto aislado, ni debido al arrebato momentáneo de unos pocos. Fue un proceso de años en medio de convulsiones políticas, encantos y decepciones. Se gestó en comunidad de Representantes con sentido federal, en diálogo. No debemos pasar por alto que las reuniones se realizaron en una casa de familia prestada, en Tucumán, donde los diputados sesionaron durante meses. Llegaron de distintas provincias, con miradas y culturas diversas, trayendo tensiones y desacuerdos. Pero supieron, con paciencia y amor a la tierra, encontrar consensos, no a partir de uniformidades, sino de la conciencia de un bien superior”, expresó monseñor Lozano, ante el gobernador Marcelo Orrego y autoridades y referentes provinciales.

En su alocución, remarcó: “No se excomulgó a nadie por pensar distinto. No se construyó la Argentina desde la lógica del descarte, sino desde la búsqueda de una causa mayor: como había reclamado el general Don José de San Martín, se necesitaba un ejército de una Nación independiente para liberar a los pueblos hermanos. La independencia Argentina iba a servir a otros pueblos de América para que vivieran en libertad y justicia”.

Recordó la participación de Fray Justo Santa María de Oro, dominico, sanjuanino, sacerdote y político y el primer obispo de San Juan de Cuyo. “Su voz en la Asamblea fue la de la fe lúcida que no se desentiende de la historia. Fue él quien defendió con firmeza la participación de los pueblos del interior, promovió el respeto por las provincias, y demostró que se puede ser hombre de Dios y servidor de la Nación, sin contradicciones ni dobleces. Su testimonio es faro para nosotros hoy, cuando muchas veces se contrapone lo religioso con lo público, lo espiritual con lo social, y se olvidan los aportes valiosos que la fe puede ofrecer a la vida nacional”.

Lozano hizo una especial referencia a los tiempos actuales. “Nuestro presente también nos desafía. Argentina atraviesa una etapa compleja, donde muchas veces se imponen la desconfianza, la fragmentación y el “sálvese quien pueda”. Pero desde esta celebración solemne del Te Deum, Dios nos llama a promover la cultura del encuentro y la amistad social, como tantas veces ha exhortado el Papa Francisco. Nos llama a no encerrarnos en las fronteras del partido, del sector o de la ideología, sino a mirar con altura el bien de todos, especialmente de los más frágiles”.

Puntualizó en “hoy necesitamos una nueva épica, no de caudillos solitarios, sino de acuerdos generosos. Una independencia que no sea solo recuerdo, sino motor de compromiso y responsabilidad. Una democracia que se fortalezca no solo en las urnas, sino en el trabajo cotidiano por una sociedad más justa, más fraterna, más solidaria”.

Y sentenció que, desde la Iglesia católica, “valoramos mucho la vocación política. Sigamos sembrando unidad donde hay división, respeto donde hay ofensa, y diálogo donde hay gritos. No todos pensamos igual, pero todos amamos esta tierra. Y en eso podemos encontrarnos. Porque como dice el Evangelio, si no están contra nosotros, entonces están a favor. Y eso nos basta para caminar juntos”.

 

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