Muchas personas deciden dedicar parte de su tiempo a ayudar a los demás, pero muy pocos son quienes además ponen en peligro su vida para lograrlo. Este domingo se celebra el Día del Bombero Voluntario, en honor a todos los héroes que arriesgan su salud para proteger a sus vecinos.

Este es el caso de los Bomberos Voluntarios de Pocito, quienes abrieron las puertas de su espacio a Diario La Provincia SJ para mostrar cómo entrenan y el sacrificio que le ponen a esta profesión no rentada que abrazaron con convicción.

Tal vez por tantas películas de Hoollywood, lo que uno piensa cuando se habla de un “cuartel de bomberos”, es una casa de al menos dos plantas, con todos los equipos listos para funcionar ante una emergencia, y por qué no, el típico tubo por el que se deberían de deslizar los miembros. 

La realidad de los pocitanos es un poco diferente. Es que en primer lugar, para poder llegar hay que atravesar calles de tierra por las que solo se puede circular despacio. Pero además, el cuartel podría pasar desapercibido si no fuese por los postes pintados de rojo en su puerta. Es que por ahora, el edificio es un proyecto, y en el terreno que lograron adquirir con mucho esfuerzo, solo se puede divisar un olivar.

Así se ve el futuro cuartel, ubicado en Calle 12 y Vidart.

“Es el departamento que más voluntarios tiene, pero es justamente el que justamente no tiene cuartel. Logramos comprar este terreno que es gigante. Tuvimos algunos problemas con las mediciones que nos han demorado un poco el inicio de la construcción. Se trataba de un predio grande que los dueños dividieron en dos y cuando lo compramos me arrepentí de no haber comprado el de al lado porque no tenía nada. Sin embargo, este que estaba lleno de olivos, al esperar unos meses nos dio frutos y nos permitió juntar dinero para comprar algunos materiales”, contó el Jefe de la División, Agustín Moya.

Bomberos cosechadores.

Para poder reunir materiales agudizaron el ingenio y pusieron manos a la obra. “Para poder juntar piedras, dos de las chicas, una de ellas embarazada, las fueron recolectando de la calle en carretilla. El Municipio nos dio algo de arena. Siempre nos ayudan, pero entendemos que todos los días hay gente que se acerca a pedir, y por eso nos daba una camionada cada dos o tres semanas, y nosotros ocupábamos cuatro cada vez que veníamos. Es todo a pulmón”, agregó señalando la pila de piedras.

También son obreros de la construcción.

Siempre listos
En los últimos meses han realizado decenas de eventos a beneficio, pero no solo para la construcción de la institución, sino también para tener los implementos necesarios para acudir a una emergencia, como por ejemplo, el gasoil. 

“El Municipio nos ayuda con 20 litros a la semana, pero tenemos dos vehículos y cuando hay una emergencia tal vez los gastamos en un solo día. Las motobombas funcionan con nafta y a eso también hay que pagarlo. Además, de lo que es el mantenimiento de los vehículos, cubiertas, seguros que estamos pagando $3 mil. Cuando empezás a sumar es mucha plata que la tenemos que generar nosotros con nuestros recursos”, explicó el jefe.

Los voluntarios entrenan en el predio.

Para salir a combatir el fuego solo tienen ocho equipos en condiciones, pero les faltan cascos (cada uno cuesta 12 mil pesos), guantes (1.500 pesos) y botas (13 mil pesos).

Venta de empanadas, bingos, rifas, y hasta castillitos inflables, todas actividades honorables pero que no parecen tener que ser realizadas por aquellos cuya misión es salvar vidas.

Amor más allá de todo

Para poder ser bombero pasan por un largo pedido de instrucción en el que van rindiendo exámenes, pero además, trabajan para fortalecer su mente. “Se rinden distintas materias que tienen que ver con el fuego e incluso distintos tipos de rescate como el acuático. Pero trabajamos mucho con los chicos, e incluso les pedimos que hablen con sus familias y les expliquen los riesgos que corren. Nosotros decidimos jugarnos la vida por los demás, y si nos pasa algo no queremos que nuestras familias culpen a nadie”, explicó la instructora Jesica Castillo, quien trabaja junto a  Yolanda Moya, Ana Valdivia, Tomas Guevara, David Castro y la tesorera Teresita Sanchez.

“Entré porque vi a los chicos que estaban haciendo actividades en la plaza. Me paré y hablé con Agustín Moya. Al miércoles siguiente entré. No sé leer bien y mis compañeros me están ayudando mucho. Siempre quise ser oficial de policía pero no pude al no poder leer”, sentenció Javier Juárez quien es aspirante y emocionó con su testimonio.

Si ser bombero voluntario tiene tantas desventajas, ¿por qué siguen eligiendo esta profesión?. “Muchas veces me han hecho esa pregunta, y no tengo una respuesta, o por lo menos no una que logre convencer a la otra persona para que se haga bombero. Todos venimos con un motivo al mundo y creo que tenemos que devolver algo de lo que recibimos. Mucha gente ayuda a los animales, otros a los ancianos, otros a los humildes, y me parecía que ser bombero se adecuaba más a mi personalidad, me gusta salvar vidas”, sentenció Moya. 

En apenas una hora de entrevista es sencillo darse cuenta de que más allá de la pasión que los une, el gran secreto es que son una familia.