En el lugar se respiraba historia, pasado, anécdotas y el aroma a café envolviendo todas las emociones. Ese rincón, donde las generaciones más grandes encontraron un lugar de encuentro, hoy muestra un escenario apagado que llena de nostalgia. Casi en el corazón de la galería Estornell está lo que fue el “Café Galería“, un lugar que en la historia se lo conoció como “Café Soppelsa“.
A principios de octubre pasado, el local cerró sus puertas definitivamente. Hasta unos días antes, sus asiduos visitantes iban temprano en la mañana para tomar un café. “Ellos llegaban a las 8 de la mañana o antes a tomar el tradicional café o cortado. Era más bien un momento de encuentro entre ellos“, explicó un comerciante vecino al café de la galería, a Diario La Provincia SJ.
“Incluso uno de ellos tenía un cuadro, que lo trajo alguna vez, con todas las fotos de cómo era este café en sus inicios, con fotos en sepia o blanco y negro“, agregó otro comerciante quien aclaró que los consumidores que iban “de manera fiel“, todas las mañanas, eran los que peinaban canas pero también relataban historias y debatían temas políticos “con altura y sin pelear“.
“Todos se sorprendieron y acongojaron cuando supieron que este lugar nuevamente iba a cerrar sus puertas“, explicó el comerciante.
El Café que fue un éxito y no logró remontar
En la década del 60 nació en la Galería Estornell “Café Soppelsa”, el local que tomó el nombre de su dueño Esteban Soppelsa. Luego pasó a manos de una sociedad integrada por una pareja. José Alves (portugués) y Emma D´Acua (italiano) que lo supo mantener hasta entrado el siglo XXI.
El Café Soppelsa cerró sus puertas en el 2020 por la pandemia del coronavirus. No logró sostener el golpe económico que implicó cerrar por la pandemia con todas sus restricciones. En el 2022 volvió a abrir sus puertas y en el 2023 sumó una innovación: menú sin TACC.
Aquella confitería fue todo un éxito por su tradicional barra con curva y contracurva, que siempre se mantuvo con el correr de los años y que hoy sigue casi intacta. Pero no es lo único que se asoma de aquellos años de oro.
Quienes caminan por la galería Estornell, y se asoman para “pispear” a través de las paredes de vidrio, pueden ver sobre esa barra la caja registradora de antaño, un “lujo” y “tesoro” para los amantes de la historia. Su utilidad ya es nula pero su peso simbólico sigue siendo de 10.