Por más de dos décadas, Adriana Santander encontró en la madera su mejor forma de expresión. Lo que comenzó como una curiosidad junto a su esposo, hoy es un emprendimiento familiar que combina arte, amor y enseñanza. Bajo el nombre “Ángeles, juegos didácticos”, esta pocitana de 39 años logró transformar los recortes de carpintería en herramientas para aprender jugando.
“Soy artesana hace unos 20 años. Empecé con mi esposo, cuando aún éramos novios, vendiendo pulseras. Como él es carpintero, me enseñó el oficio. Usaba los recortes de sus trabajos para crear cosas nuevas, hasta que un día hice mi primer Ta-Te-Ti para mis hijos. Así empezó todo”, contó Adriana, la flamante candidata a Emprendedora del Sol por Pocito, a Diario La Provincia SJ.
Una idea nacida del amor y la creatividad
Madre de tres hijos —Samuel, Lourdes y Anahí—, Adriana encontró en su familia la inspiración para crear. “Recuerdo que a mi otra nena le pidieron una caja escolar en primer grado. Y mi marido decía ‘cómo teniendo un papá y una mamá carpinteros artesanos, la niña va a llevar una cajita de cartón’. Y le hicimos una de madera. A la señorita de mi hija le encantó. Y así empezó todo“, agregó con orgullo recordando que con el tiempo se animó a los encastres y los rompecabezas.
Su taller, instalado en su hogar de Villa Aberastain, es un espacio donde el aserrín se mezcla con la imaginación. Cada pieza tiene un toque artesanal y una historia detrás. “Mis hijos son mis jueces y mis verdugos —dice entre risas—. Si algo no les gusta, no sale a la venta. Ellos me ayudan con los dibujos, los colores y las ideas”.
El nombre de su emprendimiento, “Ángeles, juegos didácticos”, tiene un profundo significado. “Lo elegí en honor a un angelito que ya no está”, explicó emocionada.
Ser mujer y carpintera: un desafío con valor propio
Aunque hoy es reconocida por su talento, Adriana asegura que no fue fácil ganarse el respeto en un oficio históricamente asociado a los hombres. “La vida del artesano, la vida del feriante es complicada porque hay días que se vende, hay días que no”, afirmó destacando que ella aprendió a usar las máquinas de la carpintería.
Su historia refleja la fuerza de las mujeres artesanas que día a día luchan por hacerse un lugar. “El ser mujer y trabajar en la madera también como que es complicado. Porque muchas personas te dicen ‘no lo haces vos’. O ‘mentira, esto vos lo compras y solamente lo pintás’. Cuesta llegar a la gente que aún no lo acepten muchas veces por ser mujer”, destacó.
Representar a Pocito, un orgullo inesperado
Cuando Adriana se inscribió en el concurso Emprendedora del Sol, no imaginó que llegaría tan lejos. “Me anoté para darme a conocer, para que más jardines y escuelas sepan lo que hago. Nunca pensé que iba a quedar seleccionada”, confesó.
Al contar la noticia, su familia fue la primera en celebrarlo. “Mi esposo y mis hijos creen demasiado en mí. Ellos me decían: ‘vas a ganar, tus juegos son hermosos’. Mi marido siempre me dice que la única que no confía en mí misma soy yo”, reveló entre sonrisas.
Participar en el certamen, asegura, es mucho más que una competencia. “Es un desafío enorme. Estoy nerviosa, pero feliz. Cada capacitación es una oportunidad para aprender y compartir con otras mujeres que también luchan por sus sueños. Todas tenemos historias distintas, pero la misma pasión por salir adelante.”