Es multifacética y le tocó atravesar distintos momentos muy fuertes en la vida, sin embargo nunca bajó los brazos. Paula Itatí De la Vega Sánchez, tiene 40 años y pese a los desafíos que tuvo por delante nunca se rindió y hoy es una exitosa emprendedora. Ahora competirá para alcanzar el mayor galardón de la Fiesta Nacional del Sol 2025: el premio Emprendedora del Sol. Ingeniera, madre de dos hijos —Máximo y Pía— y creadora de proyectos sustentables, Itatí representa a Albardón y encarna innovación, resiliencia y compromiso ambiental.
“Siempre digo que me recibí primero de mamá, después de emprendedora y después de ingeniera en ese orden. Una cosa me llevó a la otra. Cuando fui mamá, es como que mi propósito de vida cambió. Descubrí un sentido en la vida y ahí me puse a emprender sustentable”, contó a Diario La Provincia SJ.
Su historia de emprendimiento comenzó hace más de una década, cuando trabajaba en su finca y observaba cómo el agua de riego llegaba contaminada con residuos. “Cada vez que venía el turno de riego era un tema que el agua llegara, porque venía tapada de botellas, bolsas de plástico, sachet de champú. San Juan es un desierto. Sin el agua de riego no viviríamos. La gente no cuida tampoco, hay que hacer algo bueno”, expresó.
El día que decidió emprender para ayudar el medio ambiente
Intentó hacer campañas de concientización, pero descubrió que el cambio sería lento. “Dije ‘bueno, educar va a ser más lento. Entonces voy a algo más rápido: quiero hacer productos que no contaminen’”, agregó. Así nació su idea de fabricar cubiertos ecológicos y biodegradables, elaborados con materiales naturales como cañas o restos de podas.
“Un día llegando a casa veo un incendio tremendo en el fondo de la finca. Cuando se prendió fuego yo tenía 28 años. Ahí empecé a pensar qué hacer con las cañas que salían ahí, porque crece tan rápido. Dije ‘che, ¿y si hago cubiertos?’. Me junté con un ingeniero y fue un proceso largo, desde pensarlo hasta llevarlo a cabo”, explicó.
La vida no siempre fue fácil para ella: “Estaba embarazada, me cortan la asignación y era la única plata que recibía. Decía, ¿quién me va a dar trabajo embarazada? Fue tremendo”. Sin embargo, lejos de rendirse, se reinventó: “Me puse a hacer huertas, porque soy paisajista. Metí diez materias en la facultad, me separé, estuve muy mal, pero no quería que mi hija absorbiera ese malestar. Ahí me abrí a la espiritualidad. Aparecieron mamás que me empoderaron”.
De ese proceso nació BioIta, su emprendimiento de productos ecológicos, con el que empezó a ganar concursos y premios. “Apenas empecé me criticó un montón de gente, pero no me importó. Después se dieron cuenta que la idea era mía, que tenía toda esa pasión, y empecé a conseguir amigos y aliados. Fui ganando premios y ahí ya no paré”, explicó.
De la sustentabilidad a la vitivinicultura
Además de sus cubiertos, Paula se dedicó a la vitivinicultura y lanzó su línea de vinos de autor, con etiquetas llenas de identidad: Antes Muerta (rosado dulce), Salvajes (rosado) y De Prestado (tinto).
“Una amiga tenía una viña de cabernet sauvignon y me regaló la producción. Es un viñedo orgánico, sin intervención. Salió un vino mucho más rico porque tiene levaduras autóctonas, que es muy difícil de conseguir”, explicó sobre esta producción que tiene mucha historia.
Es que, su abuelo estuvo vinculado a la vitivinicultura y tuvo un sueño bodeguero que no llegó a desarrollar. Sin embargo años después ella pudo emprender su propio vino y, sin imaginar, cumplió aquel sueño.
Huertas escolares y educación ambiental
Otro de sus proyectos es su rol como coordinadora en San Juan de la Fundación Club de Roma, con la que impulsa huertas escolares. “La idea es hacer cien huertas en todo el país y fomentar la soberanía alimentaria. Elegí algunas escuelas, les llevo los materiales, hago una huerta para los chicos y les explico. Es hermoso trabajar con ellos”.
Las experiencias la sorprendieron. “Pensé que no les iba a gustar, que me iban a sacar sonando, y la verdad que se reprendieron. Escuelas públicas, escuelas privadas, y todos felices y reconectados con la naturaleza.”
Herencia familiar de mujeres protagonistas
Su historia también está atravesada por una tradición familiar de reinas albardoneras. “Mi tía fue la primera Reina del Moscatel, después otra tía fue reina de Albardón y mi prima también”, explicó confesando que hace unos años quiso ser candidata a reina para la FNS pero no pudo postularse por no dar con la altura y después con la edad.
Sin embargo, el nuevo formato del certamen le dio una nueva oportunidad. “Le fueron cambiando el formato y termina siendo emprendedora. Vi la posibilidad de aplicar y quedé. Otra vez alguien de mi familia representa al departamento, así que me enorgullece, es como honrar a mis ancestros, a las mujeres de la familia”.
Sobre su elección como representante de Albardón, Itatí confiesa que la vida la sorprendió. “No sabía si presentarme. Lo dudé. Después me escribieron de Albardón y me dijeron ‘¿por qué no te presentás este año?’. Me inscribí, eran doce y terminé quedando. Yo feliz, porque era algo que tenía pendiente”, finalizó.