¿Existió realmente Deolinda Correa? La pregunta, que atraviesa generaciones de devotos y curiosos, hoy moviliza a historiadores, sacerdotes, investigadores y estudiantes de San Juan en una investigación inédita que intenta reconstruir la historia detrás de una de las figuras populares más veneradas del país: la Difunta Correa.
Mientras miles de personas llegan cada año al santuario de Difunta Correa para pedir trabajo, salud o protección en la ruta, un equipo conformado por la Universidad Nacional de San Juan y el Arzobispado de San Juan de Cuyo avanza en silencio detrás de una pregunta histórica tan fascinante como compleja: encontrar pruebas documentales de la existencia de Deolinda. La investigación está co-coordinada por el padre José Juan García, el magíster Carlos Moreno y el licenciado Freddy Vara, junto a especialistas como María Fernández, Alicia Zárate, Jorge Edmundo Delgado y Ramón Mercado. Además, participan estudiantes del último año de Historia y sacerdotes que realizan búsquedas en libros parroquiales de bautismo, matrimonio y defunción.
El objetivo es rastrear cualquier documento que permita confirmar la existencia de la mujer que, según la tradición popular, murió en el desierto sanjuanino mientras intentaba seguir a su esposo y cuyo bebé sobrevivió alimentándose de su pecho.
El misterioso aviso de “El Zonda”: ¿Qué pasó con el bebé de la Difunta?
Hasta el momento, la investigación se ha desplegado por toda la geografía provincial, revisando archivos e incluso colaborando con la Iglesia de los Santos de los Últimos Días por su enorme base de datos biográficos. Pero el hallazgo más llamativo, por ahora, se encontró en las páginas del mítico diario sanjuanino El Zonda.
“Tenemos un dato que en el año 1865, Deolinda habría muerto hasta el 1838, por ahí, aproximadamente. En el diario El Zonda de la época salen dos avisos consecutivos de un señor Baudino Injusto Correa, que sería el niño de Deolinda que aparece amamantado”, explicó el padre García en Radio Sarmiento.
Según el aviso histórico, este hombre publicó que vendía su casa en la ciudad de San Juan, ubicada a apenas dos cuadras de la Plaza 25 de Mayo, para mudarse a Córdoba. Si bien el dato es sumamente valioso, para la ciencia histórica todavía sabe a poco: “Quisiéramos seguir los rastros de esto, es lo único que tenemos así, fehacientemente. Como usted verá, es bueno pero no es suficiente”, aclaró el sacerdote.
A tres meses de iniciado el proceso, García es tajante: “La publicación de El Zonda no fortalece la existencia todavía. Es un indicio, hay un indicio, pero no es una prueba”.
Libros de bautismo, rumores y una búsqueda que llega hasta Córdoba
El mito tradicional dice que Deolinda murió de sed en los desiertos sanjuaninos mientras seguía los pasos de su esposo reclutado. Sin embargo, las hipótesis de los historiadores abren nuevas puertas: ¿Y si Deolinda no era sanjuanina?
Para ello, la investigación ya se expandió por distintos puntos de San Juan y también fuera de la provincia. Según contó García, algunos testimonios sostienen que Deolinda no era sanjuanina, sino riojana, y que habría llegado junto a las huestes de Juan Facundo Quiroga.
“En La Rioja hablé con un hombre que decía haber visto hace años el libro de bautismos donde figuraba Deolinda Correa”, relató.
Sin embargo, cuando fueron a buscarlo, descubrieron que los registros parroquiales de esa época habían sido trasladados a Córdoba. Ahora, el equipo planea continuar la búsqueda allí, revisando documentación de entre 1830 y 1840.
“Una cosa lleva a la otra hasta que finalmente podamos dar con algo”, explicó García, describiendo el trabajo paciente de reconstrucción histórica.
¿Y si nunca aparece una prueba?
El convenio entre la Iglesia y la UNSJ tiene un plazo fijado de 3 años. El objetivo es ambicioso: encontrar un documento contundente (bautismo, defunción, confirmación o casamiento) que certifique la identidad de la mujer detrás del mito.
Sin embargo, desde el Arzobispado llevaron tranquilidad a los fieles y devotos, asegurando que esto no busca derribar la fe popular, la cual destaca valores como la maternidad, el sacrificio y la fidelidad.
“Supongamos el peor de los escenarios, que pasan dos años, nada de nada de nada… tampoco podríamos concluir que Deolinda Correa no existió. Simplemente podríamos concluir que no encontramos documentos. No es destruir la imagen de la Difunta con esto, en absoluto“, concluyó el padre García.
La aclaración no es menor. La Difunta Correa no es solo una figura histórica: es un fenómeno cultural, religioso y social profundamente arraigado en la identidad popular argentina. Cada año, miles de promesantes llegan al santuario de Vallecito para dejar botellas de agua, placas, cartas y ofrendas. Camioneros, familias, viajeros y fieles de todo el país mantienen viva una devoción que trasciende generaciones.
Por eso, García insistió en que el objetivo no es “destruir la imagen de la Difunta”, sino aportar conocimiento histórico serio. “La investigación simplemente arrojará el resultado de lo que encontremos o no encontremos”, finalizó.