Héctor Salinas es un artista sanjuanino que en cada obra realata una historia única. Es que para él, el arte no nace solo del talento o la técnica, sino también de la memoria. Usa para contar sus historias, objetos olvidados, de los materiales que otros descartan y de los recuerdos que se resisten a desaparecer.
Su obra, profundamente ligada al reciclaje, es el resultado de años de experimentación, sensibilidad y una mirada distinta sobre lo cotidiano.

De los juegos de infancia a una identidad artística
El vínculo de Salinas con los materiales no es reciente. Desde chico, ya encontraba en los objetos simples una forma de crear.
“Desde niño me gustó utilizar cosas… me hacía autitos con cartón, con lata”, recordó en diálogo con Diario La Provincia SJ, marcando el inicio de un camino que, con el tiempo, se transformaría en su sello como artista.
A lo largo de los años, fue incorporando nuevas técnicas, especialmente el uso del óleo y la espátula, siempre con un objetivo claro: generar textura, volumen y fuerza en sus cuadros.
“Siempre me gustó darle mucha textura, mucha fuerza a los cuadros”, explicó.

El reciclaje como lenguaje artístico
Con el paso del tiempo, esa búsqueda lo llevó a ir más allá de los materiales tradicionales. Así comenzó a sumar elementos reciclados, primero de forma experimental y luego como eje central de su obra.
“Empecé a utilizar materiales y cosas de mi casa… les ponía papel arriba y después el óleo”, contó sobre sus primeros pasos en esta técnica.
A partir de ahí, el universo creativo se expandió. Madera, alambres, telas de pajareras, perfiles de aluminio, piedras de acuario y una enorme variedad de objetos comenzaron a formar parte de sus composiciones.
“Cada vez iba agregando más cosas… madera que encontraba en la calle, cosas que me daban amigos. Me decían ‘mirá, sirve tal cosa’”, relató.
Foto: Maximiliano Huyema/ Diario La Provincia SJ.
Objetos que cuentan historias
Pero en los últimos años, su obra dio un giro más profundo. Tras la pérdida de sus padres y la venta de la casa familiar, Salinas decidió incorporar esos objetos cargados de historia en sus cuadros.
“Fue una fusión de lo que era la casa de mis viejos con lo actual… para que me queden como recuerdo”, explicó.
Así, sus obras comenzaron a incluir elementos íntimos: hilos de su madre, tarjetas que su padre trajo de viajes, objetos antiguos y detalles que remiten a distintas etapas de su vida.
“Yo voy a ver el cuadro y voy a ver un montón de cosas… los cartuchos de las lapiceras Parker que usaba en la escuela, los hilos de mi vieja, botones antiguos”, describió
Esa carga simbólica transforma cada pieza en algo más que una obra visual: es un relato personal.
“Es contar las dos historias: el yo de niño y el yo de adulto, con mi familia”, resumió

Un proceso creativo que empieza en la cabeza
El trabajo de Salinas no es improvisado. Cada obra atraviesa un proceso mental previo muy intenso. “Primero lo tengo en la cabeza… después lo armo. Tal vez hacerlo lleva una semana o dos”, explica.
Según detalla, lo más complejo no es la ejecución, sino la idea. “Lo que me lleva más tiempo es armarlo en la mente. Después, el proceso de elaboración es más corto”, asegura.
Una vez definida la estructura, suma pintura —principalmente óleo— para reforzar la textura y el impacto visual.
Foto: Maximiliano Huyema/ Diario La Provincia SJ.
Anchipurac, el escenario ideal
Uno de sus grandes anhelos era poder exponer en Anchipurac, el centro ambiental de San Juan dedicado al reciclaje. Y ese sueño finalmente se concretó. “Siempre pensé que algún día quería que mis obras estén ahí… es el lugar ideal”, dijo.
Para él, no se trata solo de exhibir arte, sino de generar conciencia.“Está bueno que la gente vea que se puede hacer arte con estos materiales”, sostuvo, destacando el potencial del reciclaje como herramienta creativa y educativa.
Foto: Maximiliano Huyema/ Diario La Provincia SJ.
Crear, siempre crear
Lejos de detenerse, Salinas sigue proyectando nuevas obras. Su mirada ya está puesta en materiales que recolectó recientemente, como tapas de gabinetes de computadoras.
“Ya tengo ideas… voy a armar varios módulos con eso”, adelanta, dejando en claro que su proceso creativo es constante.
Además de artista, también fue docente de pintura. Sin embargo, reconoce que el contexto económico impacta en su actividad. “La gente deja de pintar cuando la situación está difícil”, señala, y admite que también se complica la venta de obras.
Aun así, mantiene la esperanza de que el panorama mejore y permita sostener su trabajo. Mientras tanto, sus obras expuestas en Anchipurac hasta el 31 de marzo, están todas disponibles para la venta y siguen cumpliendo su objetivo principal: emocionar, conectar y resignificar.
En cada cuadro, Héctor Salinas no solo recicla materiales. También reconstruye historias.
Sus obras expuestas en Anchipurac:






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