En San Juan, una idea que nació casi de casualidad y en medio de la incertidumbre, hoy se transformó en un fenómeno que trasciende fronteras. Detrás de los “cabezones” que hoy animan fiestas, eventos y escenarios en todo el país, está la historia de Maxi Ibáñez, un profe de Educación física con visión de emprendedor que convirtió un fracaso inicial en una oportunidad que no dejó de crecer.
Todo comenzó hace una década, con un viaje al sur que lo marcó. Allí vio por primera vez trajes de personajes y pensó en traer ese formato a la provincia. En ese entonces, trabajaba como preceptor y profesor de educación física, y el costo de esos trajes era altísimo: cada uno equivalía a varios sueldos. Aun así, decidió apostar y con los años formó su empresa MARVEEL & DC SAN JUAN.
El debut no fue el esperado. En la Fiesta del Sol, bajo una lluvia torrencial y con el show de Maná suspendido, intentó replicar el modelo turístico de vender fotos con personajes. La gente se acercaba, se sacaba fotos… pero nadie quería pagar. “Recuperé apenas una mínima parte de lo invertido. Me largué a llorar”, recuerdó Maxi en diálogo con Diario La Provincia SJ
De un fracaso al nacimiento de una idea
Fue su pareja quien detectó la oportunidad que cambiaría todo: los cumpleaños infantiles. Con pocos recursos y sin experiencia, empezaron a animar eventos. Al principio fue improvisado, caótico, incluso incómodo. Pero algo pasaba: a los chicos les encantaba.
Ese fue el punto de partida. Con el tiempo, fueron sumando personajes, mejorando la propuesta y profesionalizando el servicio. La demanda creció rápidamente y, casi sin darse cuenta, estaban realizando hasta 12 eventos por fin de semana, generando además trabajo para jóvenes y estudiantes de su entorno.
Pero el crecimiento también tuvo su costo. El ritmo lo desbordó, llegó el agotamiento y, antes de la pandemia, Maxi decidió vender todo. Estaba cansado. Sentía que no podía más.
El giro que lo cambió todo
La historia dio un giro inesperado cuando un amigo Pablo Carriqueo decidió invertir en el proyecto. No solo aportó capital, sino también una nueva mirada. Profesionalizaron el negocio, elevaron la calidad y comenzaron a pensar en grande.
Fue entonces cuando apareció la idea que los llevaría a otro nivel: los “cabezones”.
Tras descubrir que en otros países estos personajes eran furor —pero inaccesibles por costos—, decidieron fabricarlos ellos mismos. Durante casi un año trabajaron a prueba y error hasta lograr un producto propio, artesanal y de alta calidad. “Fuimos los primeros en Argentina en fabricar y vender cabezones”, contó Maxi.
Un producto sanjuanino que cruza fronteras
El salto fue inmediato. Comenzaron a vender en todo el país: Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Neuquén, Tucumán, Chaco, entre otras provincias. En poco tiempo alcanzaron decenas de ventas y consolidaron un mercado propio.
Incluso recibieron consultas desde el exterior. Uno de los casos más llamativos fue desde Croacia, donde querían adquirir un cabezón de Lionel Messi. Aunque la operación no se concretó por los costos de envío, marcó el alcance que había logrado el emprendimiento.
Hoy, los personajes no solo se ven en cumpleaños infantiles. También irrumpieron en eventos de 15, fiestas nocturnas y espectáculos, donde se convirtieron en un verdadero show. Con coreografías, efectos especiales y una puesta en escena cuidada, lograron desplazar formatos tradicionales y posicionarse como una propuesta innovadora. Ahora el más demandado es Bad Bunny en su versión Super Bowl.
Clave del éxito: reinventarse siempre
El secreto, asegura Maxi, está en adaptarse. Pasaron de los superhéroes a celebridades, de lo infantil a lo nocturno, y hoy analizan tendencias para decidir qué personajes crear. Bad Bunny, Messi o figuras del deporte y la música son parte de su catálogo actual.
Cada cabezón puede demorar más de un mes de trabajo, combinando técnicas artesanales con tecnología 3D, y requiere un equipo completo: escultores, modistas, pintores y animadores.
Pero hay algo más: no cualquiera puede usar un personaje. “Hay que estudiarlo, entender cómo se mueve, cómo se expresa, para que la gente sienta que está viendo al verdadero”, explicó.
De San Juan al mundo
Hoy, el emprendimiento no solo vende personajes: también desarrolla franquicias para expandirse a nivel nacional, compartiendo su modelo de negocio y su experiencia.
Lo que comenzó como una apuesta arriesgada, con deudas y frustraciones, hoy es una empresa que genera trabajo, marca tendencia y pone a San Juan en el mapa de la animación y el entretenimiento.
Una historia que demuestra que, incluso detrás de un cabezón gigante, hay algo mucho más grande: la capacidad de reinventarse y no bajar los brazos.