“El que siembra vientos cosecha tempestades”. Y es así. Esta expresión fue acuñada por el Profeta Oseas siglos antes de Cristo. Todo lo que hacemos tiene sus consecuencias.
La advertencia contenida en el título no es una metáfora vacía. Podemos decir que el deterioro ambiental es lo que estamos cosechando como fruto de las tempestades sembradas. No son inventos o afirmaciones exageradas: el avance implacable del cambio climático, la desertificación de los suelos, la pérdida de biodiversidad, la contaminación de las aguas y el aire. La ciencia es clara: el modelo de desarrollo basado en el consumismo, la explotación de los bienes naturales y el despojo violento de tierras y recursos está llevando a la humanidad, y especialmente a las poblaciones más vulnerables, a situaciones de grave riesgo.
El cambio climático se expresa en fenómenos extremos cada vez más frecuentes: tormentas devastadoras, incendios forestales, sequías persistentes, derretimiento de glaciares y aumento del nivel del mar. La desertificación avanza sobre regiones que antes eran fértiles, expulsando a comunidades rurales, erosionando culturas, generando desplazamientos forzados y nuevas formas de exclusión.
Este año se cumplen diez años de la publicación de Laudato si’, la encíclica profética del Papa Francisco sobre el cuidado de la casa común. En ella, el sucesor de Pedro hizo un llamado urgente y universal a revisar nuestras prácticas, estructuras y corazones. Nos recordó que el clamor de la tierra es inseparable del clamor de las personas empujadas a la periferia, y que cuidar la creación es inseparable de la justicia social.
Laudato si’ nos invita a una conversión ecológica que implica pasar de la dominación utilitarista a una relación de gratitud, contemplación y reciprocidad con el mundo. Nos recuerda que todas las criaturas estamos unidas por lazos invisibles y que la casa común solo puede ser habitable si es justa, hospitalaria e inclusiva.
Mañana, 1 de septiembre, se celebra el Día de la Creación, una iniciativa surgida en el seno de las iglesias ortodoxas que se ha ido extendiendo a toda la familia cristiana. Fue el Patriarca Dimitrios I quien, en 1989, invitó a dedicar esta jornada a la oración y la reflexión sobre la creación y el compromiso con su cuidado. Desde entonces, iglesias y confesiones cristianas de todo el mundo se han sumado, encontrando en este tiempo un espacio de comunión, conversión y compromiso ante la crisis planetaria.
La celebración del “tiempo de la creación” culmina el 4 de octubre, festividad de San Francisco de Asís, reconocido como patrono de la ecología y símbolo de una relación viva, fraterna y agradecida con toda criatura.
Es un llamado, cada año más urgente, a volver la mirada hacia la tierra, nuestra casa común, y a reconsiderar los modos con que la habitamos. El título de este artículo, “El que siembra vientos cosecha tempestades” (Oseas 8,7), nos advierte con la fuerza de los proverbios bíblicos sobre la gravedad de las acciones humanas que, lejos de cuidar, han dañado el equilibrio ecológico y social que sostiene la vida.
El mensaje del Papa León XIV para este tiempo es claro: “Semillas de Paz y esperanza”. Ante la devastación y el miedo, el llamado es a sembrar de otra manera, a desandar el camino del consumismo y la violencia, y a abrirnos a una siembra nueva, capaz de fecundar el futuro con esperanza.
Sembrar paz es practicar la justicia, trabajar para que todas las personas puedan habitar dignamente la tierra, especialmente quienes son empujadas afuera por sistemas que niegan derechos y oportunidades. Sembrar esperanza es apostar por modos de vida sobrios, creativos, solidarios, que reconozcan la presencia de Dios en cada criatura y en cada rincón del cosmos.
La semana que viene realizaremos la Colecta Más por Menos en todas las Parroquias, Capillas, Colegios del país. Seamos generosos y sembremos esperanza”.