Este lunes 8 de diciembre, en el día en que la Iglesia celebra la Inmaculada Concepción de María, cientos de fieles se congregaron desde muy temprano para participar de la tradicional procesión que partió, pasadas las 5 de la mañana, desde la clásica esquina de San Luis y Tucumán rumbo al santuario de Concepción.
En una madrugada marcada por una brisa constante del sur y una leve llovizna, los devotos caminaron en silencio, entre oraciones, agradecimientos y pedidos.
La peregrinación avanzó lentamente mientras los fieles acompañaban con sus voces el ritmo del rosario. Cada misterio fue una oportunidad para reflexionar sobre el desafío de vivir la fe con alegría, apertura y compromiso, siguiendo el ejemplo de María, “mujer que peregrina, que escucha y que sabe abrirse al Espíritu”, como recordó luego el obispo.
Al llegar al santuario, muchos de los presentes lo hicieron con lágrimas en los ojos, emocionados por el clima que se generó durante el trayecto. La misa comenzó al amanecer y fue celebrada por monseñor Gustavo Larrazábal, quien dirigió un mensaje cargado de profundidad y esperanza.
En su homilía, Larrazábal llamó a la comunidad a recuperar “la alegría profunda, ese combustible que sostiene la vida de la Iglesia”, recordando que María es modelo de escucha, de fortaleza y de fe madura.
“La Virgen supo acompañar a Jesús en todo momento, con valentía y confiando plenamente en la voluntad de Dios. Que ella nos ayude a crecer, a madurar nuestra fe y a ser mejores seguidores de Jesús cada día”, expresó.
El obispo destacó también la importancia del Jubileo de la Esperanza —cuyo tramo final la diócesis transita en este tiempo litúrgico— y subrayó que la esperanza cristiana es activa, dinámica, capaz de abrir los ojos y ver quién necesita de nosotros.
“Celebrar la Inmaculada Concepción es mirar a María como modelo. No basta una mirada piadosa: es preciso verla como la mujer fuerte, llena de fe, que se dejó conducir por el Espíritu y que nos enseña a caminar sin perder la alegría”, afirmó.
Una fiesta que renueva a la comunidad
La jornada concluyó con un ambiente de profunda emoción y gratitud entre los fieles, quienes encontraron en la celebración un espacio de renovación interior. La fiesta de la Inmaculada, que cada año convoca a multitudes, volvió a convertirse en un momento clave para la vida espiritual de la comunidad, recordando que la fe se vive en camino, en escucha y en servicio.
El dato
Además de la celebración al amanecer, el santuario ofrecerá misas a las 7.30, 9 y 11 de la mañana, permitiendo que numerosos fieles pudieran participar a lo largo de toda la jornada.
Por la tarde, la comunidad volverá a reunirse para la tradicional procesión de las 19, que culminará con la misa en honor a la Inmaculada Concepción.