Este 25 de Mayo, en el que se homenajean los 216 años del Primer Gobierno patrio, se realizó el tradicional Tedeum en la Iglesia Catedral de San Juan, celebrado por el obispo auxiliar Gustavo Larrazábal. Contó con la participación del gobernador Marcelo Orrego y su gabinete que siguieron atentos la homilía de monseñor, con fuerte anclaje social.

Tras la lectura de la “Parábola del trigo y la cizaña”, Monseñor Larrazábal desarrolló una extensa reflexión basada en las consecuencias sociales de las líneas de acción políticas, sobre todo desde la Nación.

Se desarrolló el Tedeum por el 25 de Mayo en la Catedral de San Juan. Fotos: Diario La Provincia SJ.
“Los protagonistas de la Semana de Mayo de 1810, entendieron que el “trigo” de la libertad sembrado en esas complejas jornadas no se conseguía sin el pueblo, y sin la escucha del grito de libertad independiente que el mismo pueblo deseaba”, planteó.

Y sumó que: “Distantes en el tiempo, nosotros los argentinos hemos de darnos cuenta que no puede haber diálogo con violencia o discursos de odio, porque esto no tiene lógica. No puede haber connivencia con la injusticia, porque ésta empobrece al vulnerable. No hay lugar para la indiferencia, porque ésta mata”.

Se desarrolló el Tedeum por el 25 de Mayo en la Catedral de San Juan. Fotos: Diario La Provincia SJ.

Para Larrazábal: “La paz es, por tanto, un don de Dios, pero se convierte también en tarea humana, a la que está asociada una bienaventuranza de Jesús: “Felices los que construyen la paz, porque serán llamados hijos de Dios” (Mt 5, 9). Porque siempre la paz será fruto maduro de la justicia cotidiana. El recordado papa Francisco nos decía: “Sólo la paz que nace del amor fraterno y desinteresado puede ayudarnos a superar las crisis personales, sociales y mundiales”.

Se desarrolló el Tedeum por el 25 de Mayo en la Catedral de San Juan. Fotos: Diario La Provincia SJ.

Construir un tiempo en paz

Monseñor Larrazábal prosiguió con “¡El “sálvese quien pueda”, del individualismo feroz, no conduce a ningún puerto de felicidad personal y menos aún a la paz interior necesaria para un desarrollo autentico y cuánto empobrece a la paz social que habilita a todos los pueblos a vivir con dignidad!”.

Y resaltó: “La construcción de un pueblo en paz, justicia y fraternidad es el esperado fruto del trigo de nuestra parábola el cual depende de cuatro principios relacionados con las tensiones constantes presentes en toda realidad social”.
Se desarrolló el Tedeum por el 25 de Mayo en la Catedral de San Juan. Fotos: Diario La Provincia SJ.

La actualidad de los cuatro principios de la Doctrina Social de la Iglesia

Larrazábal resaltó a su turno: “cuatro principios específicos que pueden guiar el desarrollo de la vida en sociedad y la construcción de un pueblo donde las diferencias se armonicen dentro de una búsqueda común”

  • El tiempo es mayor que el espacio:

“Lo que necesitamos, entonces, es dar prioridad a las acciones que generan nuevos procesos en la sociedad e involucrar a otras personas y grupos que puedan desarrollarlos hasta que den fruto en acontecimientos históricos significativos. Sin ansiedad, pero con tenacidad y convicciones claras”, dijo.

Se desarrolló el Tedeum por el 25 de Mayo en la Catedral de San Juan. Fotos: Diario La Provincia SJ.

Y reflexionó: “A veces me pregunto si en el mundo actual existen personas realmente preocupadas por generar procesos de construcción humana, en contraposición a la obtención de resultados inmediatos que producen ganancias políticas fáciles y rápidas a corto plazo, pero que no fomentan la plenitud humana”.

  • La unidad prevalece sobre el conflicto:

“No podemos caer en el engaño: el trigo y la cizaña crecerán juntos. (…) Más aun todas juntas en su crecimiento compiten por la luz y nutrientes pudiendo ocasionar que el trigo se debilite y muera. En la vida social el conflicto no puede ignorarse. Hay que afrontarlo. Pero si permanecemos atrapados en él, perdemos la perspectiva, nuestros horizontes se reducen y la realidad misma comienza a desmoronarse. En medio del conflicto, perdemos la noción de la profunda unidad de la realidad“, manifestó.

Se desarrolló el Tedeum por el 25 de Mayo en la Catedral de San Juan. Fotos: Diario La Provincia SJ.

En su homilía, monseñor sumó que “la vida y la historia requieren de mucho discernimiento, para saber qué alimentamos: el trigo o la cizaña. (…) Es posible construir comunión en medio del desacuerdo, pero esto solo lo pueden lograr aquellas grandes personas dispuestas a ir más allá de la superficie del conflicto y a ver a los demás en su más profunda dignidad. Esto exige reconocer un principio indispensable para la construcción de la amistad en la sociedad: que la unidad es más importante que el conflicto”.

  • Las realidades son más importantes que las ideas:

“Existe también una tensión constante entre ideas y realidades. (…) Las ideas —elaboraciones conceptuales— están al servicio de la praxis. Las ideas desconectadas de la realidad dan lugar a formas ineficaces de idealismo y nominalismo, capaces, a lo sumo, de clasificar y definir, pero ciertamente no de impulsar a la acción”, afirmó.

Se desarrolló el Tedeum por el 25 de Mayo en la Catedral de San Juan. Fotos: Diario La Provincia SJ.

Y ancló, rescatando frases de papa Francisco, en que: “Tenemos políticos —e incluso líderes religiosos— que se preguntan por qué la gente no los entiende ni los sigue, dado que sus propuestas son tan claras y lógicas. Quizás sea porque están atrapados en el reino de las ideas puras y terminan reduciendo la política o la fe a mera retórica“.

  • El todo es mayor que la parte:

Hay lugar para los pobres y su cultura, sus aspiraciones y su potencial. Es la convergencia de los pueblos que, dentro del orden universal, mantienen su propia individualidad; es la suma total de las personas dentro de una sociedad que persigue el bien común, la que verdaderamente tiene lugar para todos”, expresó monseñor.

Se desarrolló el Tedeum por el 25 de Mayo en la Catedral de San Juan. Fotos: Diario La Provincia SJ.
Y cerró con: “En este Día Patrio, pidamos a Dios y la Virgen Madre de Luján, que configuremos nuestro interior con propósitos genuinos de forjar la Patria Grande, la que soñaron nuestros próceres, la que debemos a la gente y a los que vendrán después de nosotros”.

 

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