No fue un comienzo de jornada más. Los sanjuaninos que pusieron un pie fuera de casa en las primeras horas de este viernes se encontraron atrapados dentro de una densa e inesperada “caja blanca”. Una masa de niebla extremadamente compacta descendió sobre la provincia, borrando las siluetas de los edificios del Gran San Juan y convirtiendo los trayectos habituales en un verdadero desafío para los sentidos.
Caminar o conducir con esa suerte de nube arrastrándose por el asfalto descolocó por completo a una población moldeada por el sol y los horizontes limpios. La visibilidad horizontal quedó severamente comprometida, a 0,1 km según publicó el Servicio Meteorológico Nacional, SMN, lo que forzó a que las actividades matutinas arrancaran a media máquina y con un nivel de alerta inusual en las calles.
Retratos de una provincia bajo el agua suspendida
A diferencia de los habituales mantos ligeros de neblina que suelen disiparse con los primeros rayos de luz, lo de este viernes fue un fenómeno persistente, alimentado por una humedad ambiente que asfixió el termómetro y un aire frío que se acopló al suelo.
En las principales avenidas y arterias periféricas, los autos parecían flotar entre la bruma, descubriendo el camino metro a metro. La llamativa escena generó asombro entre los peatones, pero encendió las alarmas en los puntos críticos de tránsito:
- Puntos ciegos urbanos: Los cruces de calles céntricas se volvieron zonas de máxima atención, donde el peatón y el conductor recién lograban distinguirse a escasos metros de distancia.
- Accesos y rutas: En los ingresos a la ciudad, donde las velocidades suelen ser mayores, la combinación de velocidad y baja percepción visual generó los momentos de mayor peligro en el asfalto.
La conducción defensiva como regla obligatoria
La reiteración de estas mañanas cerradas —que responden a un patrón meteorológico que promete quedarse varios días— obliga a cambiar el chip al volante. Especialistas en seguridad vial locales recuerdan que ante estas postales no hay que confiar en el conocimiento del camino, sino en la precaución extrema.

Usar correctamente las luces bajas (nunca las altas, que rebotan en las microgotas de agua simulando una pared blanca), ampliar la brecha de seguridad entre vehículos y resistir la tentación de apurar el paso son las únicas herramientas efectivas para evitar siniestros cuando el clima decide acortar la mirada. Con el correr de las horas, el calor diurno forzará la retirada de la bruma, pero la experiencia de este amanecer ya quedó grabada como uno de los arranques de día más atípicos del año.