En cada hilo que pasa por el telar hay horas de trabajo, paciencia y una tradición centenaria que se niega a desaparecer. Elisa Mondaca lo sabe mejor que nadie. Desde hace décadas dedica su vida al tejido artesanal y este año volvió a poner el nombre de San Juan en lo más alto al obtener la Segunda Mención en la 54.° Exposición y Feria de Artesanías Tradicionales Argentinas, realizada en el marco de la Expo Rural de Palermo.
La distinción llegó gracias a un jergón, una prenda tradicional confeccionada completamente a mano con lana de oveja, que fue seleccionada por el jurado entre las mejores artesanías del país.
Un mes para hilar y otro para tejer
El jergón que representó a San Juan es una pieza similar a un poncho, aunque sin costura central y con listas de distintos colores. Su elaboración demanda cerca de dos meses de trabajo.
Primero se hila manualmente la lana de oveja, un proceso que lleva alrededor de un mes. Después llega el teñido con distintos colores naturales y, recién entonces, comienza el tejido, que requiere otro mes más.
“Después lleva un punto especial que se llama espasragón. No es un tejido sencillo y por eso tiene un acabado diferente al del poncho tradicional”, explicó Elisa en diálogo con Diario La Provincia SJ.
Cada detalle es evaluado por un jurado especializado que analiza la calidad del hilado, las terminaciones, las costuras y la técnica utilizada antes de seleccionar las piezas que viajarán a la tradicional exposición de Palermo.
Una vida dedicada al telar
Elisa comenzó a tejer cuando terminó la escuela primaria. Su padre la anotó en la Escuela de Capacitación Laboral de Iglesia, donde aprendió con la reconocida artesana Hermela Balmaceda.
Al finalizar el curso, la docente la invitó a seguir perfeccionándose en su casa. “Cada vez aprendía algo distinto. Hasta el día de hoy sigo yendo. Ella ya no teje, pero me presta su telar para hacer ponchos y frazadas grandes. Mientras trabajo, conversamos toda la tarde”, recordó.
Su trayectoria ya había sido premiada años atrás, cuando obtuvo el primer premio en la Rural con una frazada tejida en telar.
El oficio que corre riesgo de desaparecer
Más allá del reconocimiento nacional, Elisa reconoce que lo que más le preocupa es el futuro del tejido artesanal en Iglesia. “Si quedan seis o siete tejedoras en todo el departamento, son muchas”, afirmó.
Con apenas 50 años, asegura ser una de las más jóvenes que continúan trabajando en los telares tradicionales.
“Han venido chicas a aprender, pero cuando ven que esto requiere mucha paciencia y que no se aprende de un día para otro, dejan. Todavía no encuentro a alguien que quiera seguir con este oficio”, lamentó.
Los turistas impulsan una nueva tendencia
Pese a esa preocupación, el trabajo no falta. En los últimos meses comenzó a recibir numerosos pedidos de un nuevo modelo de poncho confeccionado con lana gris natural. Todo surgió después de hacerle una prenda a su hija.
“La gente vio ese poncho y empezaron a pedirme varios iguales. Antes hacía solamente el poncho sanjuanino y ahora estoy tejiendo este nuevo modelo que gustó mucho”, contó.
Los turistas que visitan Iglesia son quienes más buscan estas prendas elaboradas completamente a mano, manteniendo vigente un oficio que hoy depende del esfuerzo de muy pocas personas para no desaparecer.
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