Después de sufrir un accidente en moto y atravesar una complicada situación de salud, el sanjuanino Horacio Peñaloza decidió no abandonar su desafío más extremo: debutar en una carrera de 100 kilómetros del Desafío Punta Negra. Corrió durante más de 11 horas, soportó una dolorosa espina incrustada en el pie durante gran parte del recorrido y logró completar una competencia que, según él mismo admite, “destruye el cuerpo y también la cabeza”.
Para quienes lo conocen hoy como uno de los runners de ultra distancia más exigentes de San Juan, cuesta imaginar que hace apenas una década todo comenzó casi por casualidad.
“Empecé hace 10 años a correr en el parque, dando vueltas, más que nada por una cuestión estética”, recordó Horacio en diálogo con Diario La Provincia SJ. En aquel momento, correr era apenas una actividad recreativa. Sin embargo, con el paso de los meses, la disciplina empezó a ocupar cada vez más espacio en su vida.
“De a poquito le fui agarrando gusto a la actividad. Lo que empezó siendo un deporte económico, donde necesitás solamente unas zapatillas, se termina convirtiendo en un mundo enorme”, contó entre risas.
De correr en el parque a enamorarse de la montaña
Apenas tres o cuatro meses después de empezar a entrenar, se animó a correr una competencia de 15 kilómetros, una distancia que jamás había probado. “Me anoté y me fue bastante bien. Ahí fue cuando dije: ‘esto me gusta’”, recordó.
Ese fue el punto de partida. Primero llegaron los entrenamientos más exigentes, luego el trabajo con un profesor especializado y finalmente las carreras de montaña, el terreno donde terminó encontrando su verdadera pasión. “Siempre me apasionó la larga distancia. Estar dos o tres horas corriendo era lo que más disfrutaba”, explicó.
Con el tiempo empezó a subir progresivamente las distancias: 50 kilómetros, después 70, luego 80 y finalmente el gran desafío de los 100 kilómetros. El debut en esa distancia extrema lo completó en 11 horas y 22 minutos.
“La gente no puede creer tanto tiempo corriendo. Siempre te dicen: ‘yo no corro ni una cuadra’. Pero nadie nace corriendo. Todo se puede con constancia y voluntad”, aseguró.
El accidente que lo frenó cuando mejor se sentía
Sin embargo, el gran objetivo de este año estuvo a punto de derrumbarse por completo. El 1 de abril, justo antes de Semana Santa, sufrió un accidente en moto mientras circulaba por Sargento Cabral. Según relató, una camioneta giró sin señalizar y terminó impactando contra él. “Yo venía por mi carril y la camioneta dobló sin poner guiñe ni nada. Terminé pegándole en la puerta del acompañante”, recordó.
Aunque no sufrió fracturas, el golpe le provocó una severa inflamación en un testículo y todavía continúa evaluando junto a los médicos si deberá someterse a una cirugía. “Ahora con el urólogo estamos viendo si hay que estirparlo o si se puede seguir esperando”, contó.
La situación fue especialmente dura porque coincidió con el tramo final de preparación para la competencia más importante de su calendario. “El accidente fue frustrante porque justo empezaban los días más frescos y yo venía sintiéndome muy bien entrenando. Me partió el mes y me dejó en una pieza”, relató.
Durante varios días estuvo prácticamente detenido y atravesó un fuerte bajón emocional. “No solamente pensás en cuánto retrocedés con el entrenamiento. También te preguntás qué va a pasar con todos tus objetivos”, explicó.
“Si me tenía que operar, quería haber corrido”
Con la posibilidad de una operación sobrevolando constantemente y sin saber cuánto tiempo podría estar parado, Horacio tomó una decisión que terminó marcando toda la competencia. “Dije: si me tengo que operar, quiero que me queden doliendo las piernas de haber corrido”, recordó.
La respuesta positiva del cuerpo en los entrenamientos posteriores al accidente le devolvió algo de confianza. Y ahí apareció el punto de inflexión. “Cuando vi que el cuerpo respondía, dije: vamos para adelante”, afirmó. Esa determinación fue la que lo sostuvo durante los momentos más difíciles de la carrera.
Una espina clavada durante casi 80 kilómetros
Pero el sufrimiento no terminó con el accidente.
Apenas en el kilómetro 20 de la competencia, una espina se le incrustó profundamente en la planta del pie y convirtió la prueba en una verdadera tortura física. “Cada paso que daba sobre una piedra me lastimaba más”, contó.
Intentó quitársela varias veces durante el recorrido. Primero usando piedras y después con una pequeña pinza que llevaba en el botiquín obligatorio. “No había forma de sacarla. Las zapatillas tienen una plataforma ancha y la espina había quedado muy incrustada”, explicó.
La situación empeoró cuando la carrera ingresó en sectores más duros de montaña y río seco. “Ya no encontraba postura para apoyar el pie”, relató. Incluso llegó a sangrar mientras seguía avanzando.
“Era demasiado. Venís cansado, exigiéndote, compitiendo y encima con ese dolor constante”, dijo. La desesperación creció tanto que al llegar a un puesto de asistencia pidió que rompieran la zapatilla si era necesario.
“Les dije: córtenla, no me importa nada, quiero correr cómodo”, recordó. Finalmente, uno de los asistentes logró retirarle la espina utilizando una pinza más grande. “Cuando salió, sentí que empezaba la carrera de nuevo. Fue como ver la cara de Dios”, contó.
El desgaste que no se ve
Más allá de la hazaña deportiva, Horacio asegura que las carreras de ultra distancia tienen un costo físico y mental mucho más profundo de lo que la mayoría imagina. “Todos piensan en el dolor muscular, pero estas carreras también destruyen muchísimo la cabeza”, explicó.
Y agregó: “Los órganos sufren mucho, el desgaste interno es enorme y eso muchas veces la gente no lo ve”. Por eso, aunque muchos ya le preguntan cuál será el próximo desafío, hoy prefiere bajar un cambio.
“Antes me anotaba en una carrera atrás de otra y castigaba muchísimo el cuerpo. Ahora entendí que también hay que cuidarse”, sostuvo. De hecho, considera que correr dos o tres competencias de este tipo por año ya es suficiente.
Una rutina extrema entre el trabajo y la montaña
Lejos de vivir exclusivamente del deporte, Horacio combina los entrenamientos con su trabajo como abogado en Obras Sanitarias. “Trabajo de lunes a viernes y muchas veces me llevo cosas a casa”, contó.
Aun así, entrena todos los días. Alterna gimnasio, bicicleta, pasadas de velocidad, fondo y montaña. “Tengo dos días de entrenamiento fuerte y el resto es sumar kilómetros. Ya se volvió una rutina”, explicó.
Los fines de semana suelen ser los momentos más esperados. “Ahí aprovecho para ir a la montaña y meter cuatro o cinco horas corriendo”, contó.
Y aunque admite que el cuerpo necesita descanso, asegura que el movimiento ya forma parte de su identidad. “Creo que aunque algún día deje de competir, siempre voy a necesitar hacer algo. Aunque sea una hora”, afirmó.
“No quería abandonar”
Después de más de 11 horas corriendo, dolor, incertidumbre médica y una espina clavada en el pie durante gran parte del recorrido, Horacio cruzó la meta con una mezcla de alivio y emoción.
Pero sobre todo con la tranquilidad de haberlo intentado hasta el final. “No quería abandonar y después replantearme por qué no lo hice”, resumió. Y agregó: “Dormir tranquilo y saber que no me guardé nada, para mí es lo más importante”.