En el Día del Bailarín, su historia refleja sacrificio, vocación y perseverancia. Con 28 años, más de 13 de trayectoria docente y una vida atravesada por la disciplina de la danza, hoy se prepara para abrir su propio espacio, un proyecto que simboliza años de esfuerzo y pasión. Se trata de Andrea Bazan, la joven que logró cumplir un gran sueño.
Una pasión que comenzó en la infancia
“Mi mamá me llevó por primera vez a un instituto de danza cuando era muy pequeña”, contó a Diario La Provincia SJ. “Al principio era solo un taller, pero a medida que pasaron los años me fui apasionando. La danza siempre fue mi cable a tierra; nunca pensé en dejarla”.
Comenzó realizando talleres durante tres años y luego inició la carrera formal en danza clásica y contemporánea. A los 15 años ya comenzó a dar clases prácticas bajo supervisión de una profesora: “Esto me dio la posibilidad de aprender a la par, con otros alumnos, otros bailarines que no conocía. Uno siempre sigue aprendiendo, de todos, de colegas, de los alumnos, de profesores. Esa es la belleza de este trabajo”.
Se recibió en 2019 como profesora de danza clásica y contemporánea.
Becas, concursos y formación
Su trayectoria incluye participación en certámenes nacionales e internacionales como Danza América, Mendoza en Danza y Aldanzar. En 2014, fue becada junto a otros dos sanjuaninos para perfeccionarse. “Fue una experiencia increíble, me motivó a querer más y a seguir creciendo como bailarina”, asegura.
Participó también en el programa de formación de bailarines del Teatro del Bicentenario y en varias ediciones de la Fiesta Nacional del Sol desde 2017. Además, tomó cursos con figuras destacadas como Hernán Piquín.
El esfuerzo detrás del arte
“La danza clásica es la base de todas las disciplinas, pero también es exigente y costosa”, afirmó.
Destacó la importancia del acompañamiento familiar: “Mis padres fueron un pilar fundamental. Mi papá me llevaba y traía de cada clase; mi mamá siempre me apoyó desde su trabajo. Sin ellos, nada de esto sería posible”.
La enseñanza y la pasión por formar alumnos
Su experiencia docente abarca más de una década. “Dar clases me apasiona. Ver que un alumno logra algo que parecía imposible te llena. Eso me sigue empujando a crear mi propio espacio y capacitar a futuros artistas”, contó.
Ha visto crecer a alumnas que comenzó a enseñar desde los 3 años y hoy tienen casi 15. “Es increíble verlas convertirse en bailarinas talentosas, y saber que de alguna manera dejé mi huella en su formación”. Para ella, más allá de la técnica, la enseñanza incluye cuidado, respeto y pasión: “La danza es un trabajo que requiere disciplina, esfuerzo y dedicación. Y también mucho cuidado hacia los alumnos”.
El sueño del propio espacio
Hoy y después de mucho esfuerzo cuenta con su espacio para transmitir su amor por la danza, ElevArte, ubicado en Pocito. “Siempre soñé con transmitir todo lo que aprendí y dejar mi huella en cada alumno. Poder formar bailarines íntegros, con disciplina y pasión, es lo que me mueve”.
El proyecto no fue inmediato. “El año pasado quería arrancar, pero tuvimos un robo en mi casa y se cayó todo el plan. Tuve que dejar de trabajar en otra institución para sostenerme física y mentalmente. Pero todo eso me fortaleció. Ahora estoy lista para dar este paso con el apoyo de mi familia y pareja, y con la experiencia de todos estos años”.
Una carrera marcada por la disciplina y la vocación
Su historia demuestra que detrás de cada escenario hay horas invisibles de esfuerzo, sacrificios y dedicación. “Cuando la vocación es verdadera, el sueño propio siempre encuentra su momento”, concluyó.
Un recorrido en fotos














