La historia de Daniela Zalazar García, una mujer sanjuanina comprometida con la Ciencia, podría comenzar en un laboratorio, pero en realidad inicia en su casa, cuando era apenas una nena que observaba con fascinación a su familia estudiar.

Su papá y su tía eran Licenciados en Tecnología de Alimentos, y su prima hermana —a quien ella describe como una gran inspiración— estudiaba Ingeniería en Alimentos en la UNSJ. Y desde allí fue desarrollando su pasión por el área.

“Recuerdo verla estudiar”, dijo sobre su prima, “explicarme lo que hacía, mostrarme sus apuntes… y sentir una fascinación enorme. Ahí entendí que yo también quería formar parte de ese mundo.”, recordó en diálogo con Diario La Provincia SJ. Aquello que para otros niños podía ser aburrido, para ella era una aventura.

Esa curiosidad infantil se transformó en decisión profesional: “Elegí Ingeniería en Alimentos porque es una disciplina que tiene el potencial para transformar la realidad. La alimentación atraviesa la salud, la economía y el desarrollo regional. Me interesaba trabajar en un área donde el conocimiento técnico tuviera impacto directo en la sociedad”.

Asegura que su familia sembró algo más que un interés: “Ellos, sin duda, sembraron en mí la curiosidad y el amor por esta profesión. De algún modo, cada paso que doy en la ciencia también honra ese legado”.

” con mi Directora de doctorado en Conicet.
Mi tesis fue de valorización de pistacho”, contó.

Un salto al mundo: Alemania, un punto de inflexión

En los últimos años de su carrera de grado, Daniela obtuvo una beca del DAAD, una de las más prestigiosas del mundo, que le permitió realizar un año de investigación en vinos en la Universidad Tecnológica de Braunschweig, en Alemania.

Esa experiencia, afirma, le cambió la vida: “No solo me permitió formarme en un entorno académico internacional, sino también aprender alemán, perfeccionar mi inglés y confirmar que mi lugar estaba en la investigación”.

A su regreso, se graduó y se sumergió en el Doctorado en Ingeniería Química de la UNSJ, una etapa que la llevó a especializarse en tecnologías más eficientes y sustentables.

Daniel estudió también en Alemania.

La ingeniería como misión: procesos limpios, valorización de residuos y futuro sustentable

Hoy su línea de investigación combina impacto ambiental, innovación tecnológica y compromiso con el territorio.
“Trabajo en valorización de residuos y procesos limpios, convencida de que la ingeniería debe ser parte de la solución ambiental. Para mí, hacer ciencia es asumir una responsabilidad ética con el territorio y con las generaciones futuras”, sostuvo.

Desde San Juan, impulsa proyectos estratégicos que dialogan con la transición energética, la economía circular y la sustentabilidad industrial, temas claves para el modelo productivo actual.

“Una carrera para hombres”: prejuicios que no la frenaron

Daniela cursó sus estudios universitarios en años donde las aulas de Ingeniería tenían fuerte presencia masculina.
Lo recuerda sin dramatismo, pero con claridad: “Había muchos comentarios de que era una carrera para hombres. Y hubo quienes decían que las mujeres veníamos a la facultad a buscar novios”.

Frente a estos estereotipos, eligió la acción: “Decidí no engancharme en la discusión permanente. La mejor manera de cambiar esas formas de pensar es actuar: estudiar, prepararse, sostenerse en el tiempo y demostrar con hechos que el talento y la capacidad no tienen género”.

Hoy celebra un cambio profundo: “En el Instituto de Ingeniería Química, donde soy subdirectora, la mayoría del personal somos mujeres, incluyendo a la Directora. Hay mucha más inclusión”.

Recibió el premio Domingo Faustino Sarmiento por su tesis doctoral.

Docencia, investigación y gestión: un triple rol que exige equilibrio

Dentro de la Facultad de Ingeniería de la UNSJ, Daniela ocupa varios roles en simultáneo:

Subdirectora del Instituto de Ingeniería Química (IIQ)
Investigadora Asistente del CONICET
Profesora asociada del Departamento de Física, donde dicta Física III para Bioingeniería
Docente en posgrados, como el Doctorado en Ingeniería Química y maestrías ambientales

El ritmo no siempre fue sencillo de sostener. “Durante los años de formación más intensa fue muy importante el esfuerzo. La investigación exige muchas horas de lectura, resolución de modelos, organización, ensayo, validación… y eso requiere dedicación real”, explicó.

Con el tiempo, aprendió a equilibrar: “Hoy la diferencia es el trabajo en equipo. Tengo un grupo muy sólido; nos ayudamos mutuamente y eso hace que el crecimiento sea colectivo. Sin equipo, en ciencia, es muy difícil avanzar”.

También incorporó mejoras constantes en su labor docente: “Estamos permanentemente mejorando los apuntes e incorporamos simuladores y prácticas remotas. Nuestro próximo objetivo es implementar laboratorio remoto”.

La actualización constante: una carrera que no permite quedarse quieta

Daniela es categórica respecto a la formación continua: “Siempre pienso en seguir perfeccionándome. La ciencia exige estar aprendiendo todo el tiempo”.

Explica que la competencia científica, la IA y los avances tecnológicos hacen indispensable mantenerse un paso adelante: “Cuando estás investigando algún tópico, tenés que correr para evitar que otro científico te gane la novedad de tu hallazgo”.

Y en las aulas universitarias, el desafío es otro: “La cantidad de información es enorme y los alumnos necesitan bajar tanto estímulo y ruido externo para conectar con lo académico. Hay que pensar y diseñar nuevas estrategias”.

Daniela y parte del personal del Instituto de Ingeniería Química (IIQ)

Inspiración y legado: “Yo fui esa niña… hoy quiero ser ese modelo para otras”

Cuando le preguntan qué significa para ella el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia, su respuesta tiene la fuerza de una convicción personal: “Creo profundamente que cuando una niña ve a otra mujer haciendo ciencia, entiende que ese camino también es posible para ella. Yo fui esa niña. Hoy entiendo que la representación importa. Porque alguien, alguna vez, fue ese modelo para mí”.

En esa frase se resume su historia, su propósito y su rol actual como referente para las nuevas generaciones en San Juan.

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